El país de “¡viva yo!”

Llevo unos días de vacaciones en la fabulosa playa de la Barrosa, término municipal de Chiclana de la Frontera, provincia de Cádiz, y todos los días tengo motivos para acordarme del difunto y muy querido abuelo americano de mi mujer, quien decía que una de las cosas que le llamó la atención de visitar España años atrás era que somos un país de “¡viva yo!”.

No es que me guste dedicarme a la crítica patria gratuita, porque aunque es muy cierto ese carácter pillo y egoísta que a menudo nos caracteriza, sirviendo el Lazarillo de Tormes como la magistral representación literaria del mismo, tampoco hay que dejar de observar una capacidad para la solidaridad y el quijotismo cuando nos tocan la fibra sensible, a la vez que como contrapartida uno a veces viaja a países donde son más cívicos y respetuosos con las normas, pero no dejan de ser fríos, desapegados y movidos a menudo más por una cierta hipocresía que por un aprecio verdadero del prójimo.

Ahora bien, por algún motivo, en los destinos vacacionales se exacerban algunos de los instintos primarios más negativos del carácter nacional, y el número de personas que se convierten en auténticos cafres se multiplica exponencialmente. Temas como el aparcamiento a pie de hotel, bareto o playa; coger mesa en el chiringuito sin respetar en absoluto a otros veraneantes que estaban esperando desde hacía tiempo; ocupar el más mínimo palmo de arena aunque estemos cortando el paso a todo el que hay a nuestro alrededor; reservar las tumbonas en la piscina desde la hora del desayuno con la toallita y las chanclas aunque no tengamos intención de ir hasta después de comer; arrasar de manera indecente con el buffet libre como si estuviéramos a punto de empezar una huelga de hambre… Y, cómo no, hablar a grito pelao y con un desprecio evidente por las mínimas normas de educación y de respeto por el idioma de Cervantes.

Yo reconozco que el ambiente playero no es precisamente mi hábitat natural, y me siento bastante incómodo (por no decir totalmente marciano). Me cuesta comprender que haya gente adulta que se venga a la playa por voluntad propia. Comprendo que a los niños e incluso a los jóvenes les pueda apetecer jugar en la arena o el mar, o dedicarse a ver mozas (y mozos) ligeritas de ropa. Pero la típica señora que se planta horas enteras a tomar el sol a mí me genera una estupefacción total. Me pregunto si es que se dedica a la meditación trascendental y ya puestos aprovecha a coger un bronceado. Porque si no es así, entonces será que tienen una habilidad especial para desconectar su cerebro durante periodos prolongados. Claro que es lo mismo que pienso cada vez que enciendo la televisión y pienso que habrá mucha gente viendo los programas de corazón de turno, o cuando alucino con la cantidad de tuiteros a los que respeto enormemente y que se ponen a comentar sobre “El Gran Debate” de Telecinco, lo que demuestra que la capacidad de masoquismo del ser humano tiene límites insospechados. Benditos sean Tweetbot en iOS y Tweetcaster en Android por permitirme marcar el hashtag #elgrandebate para silenciar sus tuits.

Y conste que todos estos comportamientos que producen vergüenza ajena no sólo son patrimonio de los españoles. Por algún fenómeno de contagio cual virus de la gripe aviar (esa que iba a diezmar la población y que afortunadamente no fue para tanto pero en cuyas vacunas nos gastamos un dinero descomunal), alemanes, holandeses, británicos y demás extranjeros que en sus países de origen se comportan en general con razonable urbanidad y sentido de la ciudadanía, cuando llegan aquí lo hacen con la mentalidad de “en España todo vale” e imitan y amplifican estos comportamientos tan criticables.  Me preocupa que exportemos con más facilidad la chabacanería y el incivismo que el jamón o el aceite de oliva.

Así que, por favor, si sois de los que os transformáis en gremlins cuando os vais de vacaciones, por favor recordar esas sabias palabras de mi abuelo político y cortaos un pelo. Que da un poco de penita dar la imagen de ser un país de “¡viva yo!”.

Anuncios

3 comentarios

  1. Qué buen post, Dani. Coincido totalmente contigo, y de hecho hace pocos días volví de un sitio bastante parecido al que comentas. Mira que los españoles somos telita en lugares de vacaciones, pero como dices los guiris se crecen. La maestría en lo de la reserva de tumbonas o en desayunos buffet era asombrosa.

    Los alumnos han superado a los maestros. Y mira que parecía difícil.

  2. Por un momento, me ha parecido que el espíritu de @perezreverte se había adueñado de tí… 😉

    1. Un poquito… 😉

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: