La creación del dinero y el enfoque ideológico

Hace unos días un buen amigo me sugirió que dedicara una horita de mi tiempo a ver el siguiente vídeo:

Se trata de un documental que denuncia el mecanismo de creación de dinero bancario y posteriormente expone su propuesta de democratización de dicho proceso.

Es muy injusto despachar una hora en unas breves líneas, de modo que os rogaría que lo vierais para poder crearos una opinión propia y para comprender mejor lo que explico a continuación (y poder valorarlo con criterio propio), pero en esencia el documental lo que hace es explicar en primer lugar cómo funciona el proceso de creación de dinero bancario (que sí, cuando uno lo conoce, la moneda fiduciaria no dejan de ser papelitos del Monopoly como ya comenté incluso antes de existir este blog como tal), llegando desde ahí hasta la burbuja de crédito de los años recientes, el colapso en el que desemboca y la consiguiente crisis financiera y económica, y planteando conceptos como la inflación, el crecimiento artificial del PIB, la diferenciación de crédito financiero y productivo, el hecho de que los bancos privados tienen una licencia para crear dinero…

Hay muchos conceptos y explicaciones que son totalmente correctos y que es posible que le abra los ojos a más de un espectador. De hecho, en muchísimas de sus valoraciones, personas desde un enfoque muy diferente como serían los liberales, y en concreto los de la escuela austríaca, habría un grado de coincidencia enormemente alto (véase por ejemplo el documental Fraude con Juan Ramón Rallo del Instituto Juan de Mariana y con el profesor Huerta de Soto como ponentes principales, y la intervención de conocidos liberales como Daniel Lacalle o María Blanco). Especialmente en lo que supone de denuncia del descontrol de la expansión monetaria, el hecho de que el modelo se fundamenta en una concesión de crédito para la que los bancos tienen todos los incentivos, la aberración conceptual de la negativa a dejar caer a los bancos, y la revelación de la inflación como consecuencia de esa expansión monetaria y su verdadero carácter de impuesto encubierto que maquilla engañosamente las grandes magnitudes económicas y que nos hace sentirnos más ricos cuando en realidad lo somos hasta menos.

Pero sin embargo hay una serie de puntos donde el documental chirría fuertemente a mi juicio y que derivan de su marcado sesgo ideológico. Primero, cuando nada más empezar nos muestra la infame entrevista a Alessio Rastani en la BBC, en la que supuestamente un trader confiesa la cruda verdad de la absoluta falta de escrúpulos de los mercados financieros, con esa durísima afirmación de “todas las noches sueño en que suceda una crisis como la actual”, y que luego se reveló que era todo una patraña de un “pringado” tratando de llamar la atención, francamente la credibilidad del documental se resiente gravemente.

Luego cuando comprobamos que en todo momento se juega a la pura y dura demonización de la banca, con la típica imaginería contraria, tenemos esa sensación de estar viendo un panfleto. Momentos como ese personaje que viene a decir que la crisis financiera es una conspiración de la banca para matar a los pobres, claman al cielo. Y en general, el documental está salpicado de mensajes e ideas muy dirigidas ideológicamente hacia la conclusión final: “quitemos a los bancos privados el privilegio de generar dinero, y démoslo al pueblo”.

Hay que anotar en el haber del documental que por lo menos expone claramente que tan peligroso como que los bancos privados tengan este privilegio de crear dinero es que lo tengan los políticos. Más que nada porque, como el sistema financiero español ha demostrado palpablemente, no hay peor banca que la pública gestionada por políticos (véanse las cajas de ahorros). Pero cuando se empieza a hablar de un “organismo independiente y transparente que sea representativo de los deseos e intereses democráticos del pueblo”, yo empiezo a escuchar músicas vaporosas y ver unicornios. Muy bonito, pero: ¿me concretan, por favor? Y no deja de ser curioso que pongan sobre la mesa toda la ficción del dinero actual, que no dejan de ser papelitos de colorines o billetes del Monopoly, pero en vez de proponer ir a una correspondencia mayor entre los depósitos y los ahorros y los préstamos y el nuevo dinero, se viene a validar el modelo siempre que sea “el pueblo” y no “los banqueros” el que se beneficie de esa falacia.

Más aún, el documental se apunta al planteamiento tan de moda por los neokeynesianos de denostar el ahorro, al que acusa de destruir dinero (porque cancela los apuntes contables con los que se crea el dinero) y contraer de esa manera la economía. Yo aprecio una contradicción en denunciar por un lado que el actual modelo se sustenta en una orgía de creación de dinero por la vía del crédito, y por otro lado criticar lo que serviría de freno a esa orgía, que sería exigir un coeficiente de caja mucho mayor, es decir, un grado mucho mayor de correspondencia entre lo que se presta y lo que se ha depositado previamente.

De modo que si bien se había llegado a un diagnóstico del problema muy coincidente en muchos puntos clave con el planteamiento austríaco, los caminos se difurcan radicalmente a la hora de buscar soluciones. Si en una escuela se promueve reventar la burbuja del crédito y desmantelar la orgía de la deuda, en otra escuela lo que quieren es que esa orgía se ponga al servicio “del pueblo” para que éste “democráticamente” elija en qué quiere inyectar ese crédito porque sea socialmente deseable.

Al final llegamos al típico punto de recordar que si todo esto fuera tan fácil como hincharnos a crear dinero, no tiene ningún sentido que haya habido crisis. Y se menciona de hecho en el documental la idea de que el sistema actual es un juego de suma cero, cuando sabemos que una economía de mercado que funciona correctamente no es un juego de suma cero sino que la interacción de los agentes produce sumas positivas. El problema es que no se ha dejado funcionar bien esa economía por un alto grado de intervención, enormes ineficiencias en las asignaciones de recursos por las Administraciones Públicas o por mercados monopolíticos u oligopolísticos gracias en parte a la regulación de los mismos, y esta aberración de que no dejamos caer a los que no han sabido gestionar sus negocios. En contraposición, se nos viene a decir todo lo contrario: recortemos más las libertades en los mercados, usurpemos “nosotros el pueblo” esas libertades, y asegurémosnos de que esos pingües beneficios son para beneficio de la comunidad y no sólo de unos pocos.

Muy bonito, pero el mundo me temo que no funciona así. Y aparte confieso que por principio yo personalmente me opongo a todo lo que sea recortar libertades por mucho que usemos la “democracia” como pretexto. Ni es buena la dictadura de la minoría, ni la de la mayoría. Digo yo.

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2 comentarios

  1. Gracias por esa reflexión sobre el documental, yo desde luego me quedé solo con el mensaje al que haces referencia al principio (“La banca es el demonio”) y las soluciones que planteaban me parecían razonables, sobre todo por lo de controlar esa capacidad que tienen los bancos de generar dinero como si nada. Ya he aprendido un poquito más, un abrazo!

  2. Buscaré un rato para ver el documental. He de decir que la economía actual se está convirtiendo cada vez más en una partida de poker: todo el capital se reparte, pero no creamos nada. Para colmo, el que tiene más capital te puede echar fuera de la partida rápidamente.

    Tanto mercado financiero, tantos productos que se alejan cada vez más de su respaldo tangible, acaban por hacernos creer que los papelitos del monopoly son en realidad valiosos, y que la economía generada a su alrededor es factible, sostenible y deseable.

    Hace tiempo que no me encaja la situación. Si el mercado, la economía, el sistema en general, no valen para mejorar la vida de las personas, hay que empezar por cambiarlos. Sé que es muy sencillo decirlo sin concretar el qué, cómo ni cuándo, pero cualquier sistema que quiera ser sostenible tiene que basarse en la mejora de las condiciones vitales de la población, a nivel global.

    Hoy más que nunca necesitamos filósofos, pensadores, sociólogos y políticos. Ellos son los que tienen que idear un mundo y un sistema que valga la pena vivir. No vale creer que por ganar una mano al poker la cosa va a mejorar. Ni siquiera mejorará ganando la partida y llevándote el resto. Si no construimos un beneficio para todos, todo el esfuerzo será en vano, y en 40 años volveremos a la misma situación.

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