El vicio del presentismo

Uno de esos males estructurales del mercado laboral español es que aunque el empleado medio trabaja muchas horas en comparación, por ejemplo, con Alemania, no somos suficientemente productivos; no sacamos suficiente partido a todas esas horas: es un problema no de cantidad sino de calidad del tiempo trabajado.

Mi experiencia me dice que el principal mal que está detrás de este problema de productividad y de falta de calidad en el tiempo de trabajo es la mentalidad de presentismo, que es un vicio compartido a partes iguales por empresarios y trabajadores; por jefes y subordinados. Es esa manía de valorar más el hecho de estar por estar en el trabajo, atendiendo al reloj y no tanto al resultado de ese tiempo. Craso error. Así llegamos a esas oficinas infestadas de diarios deportivos; esas acumulaciones de personas en el bar, en torno a la máquina de café, o en las escaleras fumando. Por no hablar hoy en día del tiempo que se puede invertir en el Facebook o el Twitter, o con el WhatsApp en el móvil.

Es muy importante cambiar el enfoque y valorar menos el tiempo que físicamente se está en el trabajo (no digo en el puesto de trabajo, porque eso ni siquiera se suele controlar), y más el cumplimiento de objetivos.

Y ojo que la solución no sólo pasa por controlar todos esos tiempos perdidos fuera del puesto de trabajo o distrayéndose en redes sociales o con el móvilLo importante es tratar de medir la producción, el resultado del trabajo, y que el empleado sepa que se valora sobre todo lo que realmente da de sí, no tanto el cómo lo hace. Porque uno puede pasar minutos y horas perdidas delante de una hoja de cálculo, o fabricar una pieza con parsimonia… Y al mismo tiempo hay personas a las que unas pausas periódicas para desconectar les ayudan a mantener un alto nivel de rendimiento durante los tiempos hábiles (mi caso personal, por ejemplo); otros que funcionan bien por la mañana pero que después de comer no son capaces de concentrarse; quienes sólo empiezan a carburar después del café de media mañana…. Tendríamos que entrar en una enorme casuística dependiendo de los ritmos de trabajo y los hábitos de cada persona. Y a mi juicio el buen gestor de un equipo es el que sabe sacar de cada miembro del mismo lo mejor de sí mismo, atendiendo su individualidad.

En otras palabras, yo abogo en este sentido por la flexibilidad y por adaptarse al ritmo de cada persona, aprovechando y potenciando sus puntos fuertes. Eso pasa por prestar menos atención a los controles de presencia. Comprendo que sobre todo en una mediana y gran empresa la práctica de fichar al entrar y salir es una forma de evitar abusos, pero a menudo degenera en que los vagos apuren -por no decir de la perversión de que un compañero fiche por tres o cuatro amiguetes y se vayan turnando en el escaqueo- y los currantes tampoco dediquen más horas porque sienten que las que sobran no van a ser agradecidas. Si un trabajador tiene claro que se le va a juzgar (y remunerar, por qué no) por lo que hace más que por cómo lo hace o cuánto tarda en hacerlo, estoy convencido de que podemos llegar a una mejora de la productividad.

De paso, corrigiendo este vicio del presentismo, apuesto a que esa mejora de la productividad revierte en el bien de la empresa (mejor consecución de objetivos) y en el del empleado (que podrá conciliar mejor su vida familiar y laboral, sentirse mejor valorado, e incluso ver incrementada su remuneración).

Cierto es que sin embargo hay algunos elementos que condicionan lo que digo. Particularmente en trabajos donde se atiende al público, que exigen unos horarios, o bien las labores de exportadores que se enfrentan a la problemática de la diferencia horaria (algo que yo personalmente vivo en primera persona). Aunque las nuevas tecnologías van dando cada vez más libertad y ofreciendo crecientes posibilidades de estar disponibles sin necesidad de estar presentes.

Pero me comprendéis sin duda en lo referente al mensaje del post: necesitamos crear un clima en el que empresarios y directivos son flexibles, no tienen puesto el cronómetro sino que se enfocan a resultados, y trabajadores y subordinados son conscientes de ello y se preocupan por sacar lo mejor de ellos mismos durante el tiempo que dedican a su trabajo.  Es una solución en la que todos ganan.

Yo al final lo aprecio en detalles muy concretos, como por ejemplo a la hora de la comida. Si en cuanto es la hora uno sistemáticamente deja caer el boli y sale escopetado, así todos los días, quiere decir: 1) que está mirando el reloj; 2) que probablemente lleva unos cuantos minutos sin dar ni golpe esperando a que llegara la hora; 3) que sus prioridades están claras y el trabajo no es la primera en ese momento. Mientras que si veo que otros tardan unos minutos, aunque sólo sea un par de ellos, en salir, por lo menos sé que algo estaban haciendo hasta el último momento, y por lo menos tienen el mínimo nivel de profesionalidad como para terminar lo que están haciendo en ese instante antes de parar.

Bien, pues pensando en esos empleados que sí priorizan su trabajo en horas laborables y que no están perdiendo el tiempo mirando el reloj, el día en que tengan la confianza de salir unos minutos antes para comer o para volver unos minutos tarde: ése es el día en el que yo he sabido transmitir correctamente el mensaje: que lo importante no es el reloj sino el producto del trabajo.

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5 comentarios

  1. Cuánta razón tienes, Dani. Gran post!

  2. Nacho · · Responder

    Genial Daniel…como siempre.

    Lo unico que echo de menos es una mención a la cantidad de trabajo real que hay que hacer. Me explico: como bien sabéis los que me conocen, por mi trabajo estoy contínuamente de un cliente a otro (gracias a Dios) de los más diversos perfiles y sectores. Cada vez me fijo más y detecto una tendencia al conservadurismo del empleo. Hacer ver que tienes mucho trabajo, cuando la realidad es que, siendo productivo, el trabajo estaría hecho en unas pocas horas.

    Por otra parte es lógico, si detectan que el trabajo que hacen 5 personas lo pueden hacer dos siendo productivas… ¿quien sobra?

    Ahí lo dejo, que me marcho a un cliente a ser “productivo” ;-P

  3. Por partes… Efectivamente, tienes razón es que existe un vicio de presentismo, acentuado por la crisis y el miedo a perder el trabajo.

    Ese vicio, dicho sea de paso, está tan promovido por los propios trabajadores como por algunos managers que ven con mejores ojos a aquellos que se desviven por su trabajo (sin entrar a valorar qué resultados consigue). En relación a eso, os cuento una anécdota de un amigo que trabaja en la ESA en Alemania. Allí, cuando llega la hora de final de cada jornada, el que se queda más tiempo es valorado como “mal trabajador” porque no consigue acabar el trabajo planificado en el tiempo previsto y es necesario quedarse más horas. Vamos, que es poco productivo. Lo mismo que en la empresa media española… que tendrán que pasar un par de generaciones para llegar a ese punto de MADUREZ organizativa.

    En mi opinión, el tema tiene una solución sencilla de plantear (y algo más compleja de implementar): que cada viernes jefe y colaborador acuerden las tareas a realizar la siguiente semana (para las horas de trabajo que tenga el trabajador en su contrato) y estas tareas son revisadas y aprobadas por el jefe de departamento o Gerente (para evitar efectos espúreos de managers duros/blandos). Si alguien siente que ha finalizado su trabajo el lunes después de 5 horas, que se vaya a casa. Importa poco, porque el viernes siguiente se evaluará si ha finalizado el tiempo y forma las tareas encomendadas. Se acabó el concepto de jornada laboral de 8 horas, las reuniones no planificadas a destiempo, las pérdidas de tiempo inútil… El trabajador se centra en realizar su trabajo de la mejor forma en el menor tiempo posible. No veo mejor definición de productividad.

    Además, este planteamiento tiene otros efectos positivos: la relación jefe-colaborador se estrecha y el trabajador siente esa tensión sana de saber que su trabajo va a ser evaluado en espacios breves de tiempo, el seguimiento del trabajo por parte del jefe es mucho más minucioso y la productividad de los equipos, por tanto, se dispara. Los proyectos avanzan a mayor velocidad, y el manager no pierde de vista en ningún momento el estado de situación de sus proyectos.
    No se trata de estar controlando al trabajador cada minuto, tanto como dedicar a los managers a gestionar equipos y coordinar proyectos. Todos a una, aportando valor añadido.

    1. Gracias, Alfonso. Efectivamente un buen empleado es el que se planifica, consigue resultados, y es perfectamente compatible con salir a su hora e incluso un poquito antes si ha terminado pronto. Un buen jefe también lo tiene que saber ver. El problema es cuando la alta dirección de la empresa impone una política de echar horas y de hacer el paripé de estar por estar.
      Veo un poco complicado lo que propones en la práctica, sobre todo en trabajos como el mío donde el 60% de un día es atender lo que surge sobre la marcha. Quizá en otros trabajos como el tuyo es más factible. Pero la idea subyacente la comparto íntegramente: evaluaciones continuadas y en periodos cortos, y poner el énfasis en el qué y no tanto en el cómo.
      Un abrazo.

  4. […] decía mi amigo Daniel, no es un problema de cantidad sino de calidad del tiempo trabajado. Es cierto, existe en España una cierta cultura del presentismo que está reñida con la cultura […]

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