¿Quién va a crear empleo ahora?

Os voy a reconocer que últimamente hablo menos de economía y política porque, francamente, me deprime el panorama actual y entiendo que no apetece leer penas. Pero quería compartir con vosotros mi experiencia de hoy en mi peluquería habitual, porque es una de esas fotos cotidianas que dan una idea de lo que ocurre en tantos otros sitios.

Lo primero de lo que me he percatado ha sido de la indignación con la subida del IVA con diversos carteles repartidos por el local, acompañados por el difícilmente rebatible comentario de “Que me expliquen por qué tomarse una copa en el bar es un artículo de primera necesidad y cortarse el pelo es un lujo“. Efectivamente, el criterio de a qué le aplica el tipo reducido y a qué el normal es un poco discutible y cuesta evitar pensar mal y no concluir que se ha preferido minimizar el daño en un sector tan sensible políticamente como el de la hostelería.

Era justo la hora de la comida y en un momento dado nos hemos quedado solos el peluquero, que es también el dueño del negocio, y yo, y como ya hay confianza después de unos años, y sabiendo él que soy empresario, se ha empezado a sincerar conmigo en cuestiones que desgraciadamente me resultan muy familiares.

Me comenta que lleva más de un año perdiendo dinero con el negocio, del que aún está pagando el préstamo del traspaso, y tras comerse los ahorros acumulados durante los cinco años anteriores, finalmente llegó a la conclusión de que necesitaba “soltar lastre” y rebajar costes salariales de sus tres empleadas. Pero como le daba apuro despedir a cualquiera de ellas, sabiendo que tienen una familia e hijos, había pensado con ayuda de su gestor aprovechar la posibilidad que abre la última reforma laboral de tomar medidas de regulación de la jornada de trabajo, reduciendo horas y sueldo. No quería comunicarlo en frío y por sorpresa, y se le ocurrió decirle un “tenemos que hablar” a su empleada más antigua, “heredada” del empresario anterior que le traspasó el negocio, con unas condiciones particularmente ventajosas de jornada y sueldo. La mujer evidentemente captó la idea (aunque debió de pensar directamente en un despido) y primero se hizo la loca, a los pocos días respondió con un “no hay nada de qué hablar y lo que me tengas que decir lo haces por escrito”, y a los pocos días se marcha y consigue la baja médica por ansiedad.

De modo que ahora a mi peluquero no le queda más remedio en la práctica que despedirla y ha tenido que buscar a un abogado para estudiar la posibilidad de hacerlo como despido procedente por razones económicas o si no le queda más remedio que admitir un improcedente, para lo cual me explica que tendrá que pedir dinero prestado a su familia o en último término al banco.

Y lo que me contaba a continuación es algo que escucho continuamente y que ya comenté en mi “Historias detrás de los 5 millones de parados“: que parece mentira que se pasa años trabajando para ganar dos duros, esforzándose por mantener el empleo durante meses cuando en realidad el negocio no lo justificaba, y ahora que se rinde a la evidencia y decide tomar medidas para salvar el negocio y parte de esos empleos, pensando incluso en regulaciones de jornada antes que despedir directamente a nadie, se convierte oficialmente en “explotador” (como ha tenido que escuchar por terceros que le califica la deprimida), tiene que endeudarse para pagar indemnizaciones, y como se descuide acaba él en la calle, sin negocio, sin dinero, con deudas y sin tampoco paro ni prestación alguna.

Como dije en aquel post, cualquiera diría que los empresarios contratamos a la gente porque nos pone despedirles luego. Pues no, mire usted, le aseguro que el despido es el peor trago por el que pasa un empresario, primero por el mal rato que se pasa comunicándolo a una persona con la que has estado trabajando codo con codo durante un tiempo; segundo, por lo carísimo que cuesta; y tercero, por todo lo que conlleva implícito de fracaso profesional y personal.

Pero lo peor, lo que verdaderamente me preocupa, es el corolario que sigue a continuación. Me dice (trascribo casi literal de memoria): “Yo, Daniel, lo que tengo claro es que no vuelvo a contratar a un empleado nunca más. Ahora tengo trabajo para un peluquero más de caballeros, pero prefiero perder ese trabajo extra antes que tener otro sueldo y otro problema más. Si quiere venir algún autónomo que trabaje aquí y me pague todos los meses por utilizar el local, el instrumental y los productos, cojonudo. Pero no quiero más movidas como esta ni andar pagando sueldos si hay trabajo sí y si no lo hay también. Y si no consigo sacar adelante el negocio, hago las maletas con mi mujer y me voy a otro país, que sé de amigos que están en Londres y en Ginebra y les va mucho mejor que a mí“.

Para mí esta es la verdadera dimensión del drama de esta crisis: se está destruyendo la moral de gran parte de la clase empresarial del país, y los que aguantan el tipo acaban tan frustrados que no volverán a tirar del carro en mucho tiempo. Así que vamos a tener que depender de que muchos de los que hoy están en paro se rindan ante la necesidad y se pongan a trabajar como autónomos. Pero, ¿qué recorrido tiene esta solución?

Me decía este buen hombre que él ahora ve las manifestaciones de la gente joven y las comprende porque él pensaba lo mismo años atrás, pero ahora que está al otro lado y es contratador se da cuenta de que con la legislación laboral es él el que se siente indefenso y hasta explotado por el sistema. Impuestos, tasas, facturas a pagar por todas partes, y la presión de unas nóminas fijas todos los meses, vaya bien o mal el negocio, con una escasa flexibilidad real a la hora de adecuar los gastos a los ingresos. De hecho, ahora con la subida del euro ha tenido que asumir parte en los servicios más caros para no hundir más la facturación, con lo que llueve sobre mojado.

De modo que me temo que el panorama es muy sombrío. Seguimos sin tener una verdadera reforma del mercado de trabajo que introduzca la flexibilidad y la libertad que son necesarias. Vivimos en la permanente presunción de culpabilidad del empresario y la demonización del concepto del beneficio (como ya comenté tiempo atrás al hablar de si es ético ganar dinero), y por ese motivo la legislación laboral tiene un enfoque muy negativo a mi juicio. No digo que la solución sea necesariamente el despido libre, porque creo que es preciso un enfoque mucho más global del problema (ya le dediqué una completa serie de artículos a esta cuestión, cuyo resumen enlazo aquí), pero desde luego es absolutamente evidente que la legislación actual no funciona para nada: ni anima a las pequeñas empresas a contratar, ni facilita el crecimiento de esas empresas, y perpetúa la dualidad del mercado de trabajo.

Ante estas cuestiones caben dos actitudes: la del avestruz, escondiéndose y diciendo eso de “el día que menos nos esperemos se empezará a salir de esta y empezaremos a crecer“, y la proactiva de coger el toro por los cuernos y tomar decisiones impopulares, antipáticas, pero necesarias. Evidentemente, de momento sobran avestruces y faltan valientes. Y mientras tanto, se seguirá destruyendo más y más empleo. Me veo escribiendo dentro de nada unas “historias de los seis millones de parados“. Y sumando.

Imagen de portada tomada de aquí

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8 comentarios

  1. Ricardo · · Responder

    Desde el absoluto desconocimiento y aun a riesgo de decir tonterías, he de decir, valga la redundancia, que siempre me ha sorprendido que las reformas y legislaciones laborales sean one-size-fits-all, es decir, cómo puede la misma legislación regular las relaciones laborales en una gran multinacional que tiene más presupuesto que todos los países de África juntos, pero luego es capaz de pagar una miseria al que atiende al cliente, y el pequeño comercio o empresa que sale a morder todos los días a ganarse su beneficio. Y lo mismo para los impuestos ¿es justo que paguen el mismo incremento de IVA una peluquería que malvive en mi barrio (Vallecas) que el super alto standing de la calle Serrano?

  2. migue · · Responder

    Buenas, y si a eso le añades la cantidad de normas/convenios/tasas y demás(costes eléctricidad/agua….) ¿como sobrevives? si resulta que para fabricar en España vasos, tienes que apechugar con un sin fín de normas, adecuación de locales, riesgos laborales, “medio ambiente” y demás “inventos” de nuestros políticos(desde europa/España/CCAA/provincia/ciudad) y luego resulta que entran los vasos por el puerto sin que se exija lo mismo que se me pide aquí, pues tenemos que todos nos vamos a fabricar “allí” para vender “aquí”, obviamente eso termina estallando por algún lado, la deslocalización solo beneficia a las grandes empresas(y a los políticos, claro), pero a la “gente” la esclaviza(tengo un amigo que lo hizo hace años, fabricaba x y tenía no recuerdo cuantos empleados(más de 20), pues decidió cerrar la fábrica y lo que fabricaba, lo trae de China en contenedores, a mitad de precio de lo que le costaba fabricarlo aquí).
    Y del funcionario de turno dando…., mejor no hablo.

    saludos

    miguel

  3. Difícil cuestión planteas aquí. Todos estaremos de acuerdo en que difícilmente se va a regenerar la economía española ahogando a las PYMEs.

    En primer lugar, el acceso a la financiación es una de las principales limitaciones existentes para el desarrollo de una PYME. Por otro lado, hablando de las pequeñas tiendas, simplemente no pueden hacer frente a la posibilidad de pagar a un empleado extra o de contratar a un trabajador a tiempo parcial sin afrontar una elevada carga económica. O, al menos, tienen que analizarlo en profundidad antes de contratar. Por ejemplo, los esfuerzos reguladores del sector público (como la liberalización de horarios, por ejemplo) son beneficiosos para el ciudadano pero afectan negativamente a las PYMEs en diversos aspectos: menor flexibilidad, mayores cargas burocráticas y administrativas, etc.

    La opinión de este peluquero es sintomática. Efectivamente, tenemos un problema porque si representan el 90% del tejido productivo español, deberían convertirse en el motor de nuestra economía. Y estamos lejos de conseguirlo.

  4. …y encima parece que tienen la obligación de levantar la economía ellos solitos por arte de magia. No paro de observar carteles en muchísimos negocios anunciando que el establecimiento asume la subida del IVA y me pregunto qué encaje de bolillos habrán hecho para afrontar esto.

  5. La situación es difícil y quien más quien menos que tiene su negocio y crea o ha creado empleo te dice lo mismo. Ojo, no sólo pequeños negocios o de determinados sectores, yo la frase de “nunca más monto algo con empleados” la he oído de boca de emprendedores y empresarios de sectores tan variados como private equity, medicina, etc. etc.

    Y no es un problema con la gente, por más que haya debate ahí sobre la cultura española empresario/trabajador. Es que hay un montón de medidas que se podrían tomar para facilitar las cosas favoreciendo a ambas partes, que en el ámbito político ni se manejan.

    Por ejemplo, mi favorita por necesaria sería el que la indemnización por despido fuera una “bolsa” portátil. La empresa aporta a cuenta del trabajador en la cuenta de éste en la seguridad social, y si se va a otro sitio se lleva su apunte en cuenta, y si la empresa le despide lo mismo.

    A la empresa le da flexibilidad y al trabajador también: todos los objetivos del actual sistema de indemnización se cumplen pero evitando ese efecto pernicioso de “si me voy por mi cuenta pierdo el finiquito”.

    Este sistema no gusta a la casta (política) porque implica capitalización particular, en lugar de una gran bolsa a la que meterle mano como es la SegSoc actual. Además permitiría a las empresas desgravarse el pasivo social, cosa que ahora no podemos hacer, etc. etc.

    Y como esta ya sabéis que hay cientos de iniciativas para combatir el paro y mejorar el sistema laboral sin necesidad de atacar a uno u otro colectivo (empresario/trabajador)…

    1. Estoy totalmente de acuerdo contigo, y de hecho en los albores de mi blog escribí un post donde planteo algo por el estilo de lo que comentas: https://danielcunado.wordpress.com/2011/09/06/la-reforma-estructural-del-mercado-de-trabajo-cap-2-el-despido-y-la-temporalidad/

      Efectivamente el sistema actual es doblemente injusto: por un lado se penaliza a quien se jubila sin pasar previamente por el paro, que deja de cobrar esa prestación, y al buen trabajador se le castiga porque no es despedido y deja de cobrar esas indemnizaciones que otros sí reciben.

      Como dices tú también, esto tiene los efectos perversos de incentivar los chanchullos de despidos a los 63 para cobrar los 2 años de paro (mientras la empresa se queda la indemnización bajo cuerda de acuerdo con el trabajador) y de limitar la movilidad laboral derivando precisamente en comportamientos aborrecibles como son los de “a ver si me echan”.

      Como dices: se puede mejorar el sistema de forma que todos ganen.

    2. Lamentablemente, la buRRocracia mata a las PYMEs mientras no se toman medidas que faciliten un cambio profundo en la tendencia del mercado de trabajo.
      Me pregunto hasta dónde tienen que llegar las cifras del paro para que se tomen estas medidas.

  6. […] que, como me preguntaba recientemente, en estas condiciones ¿quién va a crear empleo ahora? Si es que a los empresarios no nos […]

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