Subvenciones, competencia desleal y recortes contraproducentes

Estuve ayer visitando las instalaciones de un cliente donde durante muchos años llevábamos el contrato de mantenimiento de nuestros productos. Hace tres años, sin embargo, lo perdimos frente a un competidor que ofertó un precio que nosotros consideramos imposible.  Ocurre que tras un año de servicio, se decidió también prescindir de ellos como parte de los recortes de gastos por esto de la crisis. Y cuando el cliente ha tenido un problema, me han llamado para una atención puntual.

Estaba ayer asistiendo a mi cliente cuando otro contratista me comentaba en tono de confidencia durante el almuerzo el porqué de aquel precio imposible que cotizó mi competencia para quitarme el contrato: salvo el jefe de equipo, el resto de operarios que hacían el servicio eran becarios en prácticas de Formación Profesional subvencionados por la Comunidad Autónoma donde está radicada la empresa.

Es importante reflexionar sobre estos efectos perversos de las subvenciones, que en este caso han servido para arrebatar el trabajo a una empresa estable, con sus trabajadores con contratos fijos, que paga sueldos razonables y que atiende todas sus obligaciones tributarias y con la Seguridad Social. A cambio tenemos un competidor que obtiene un beneficio económico por emplear personal que en la práctica le sale gratis. Flaco favor hacen esas subvenciones al funcionamiento del libre mercado, y también obsérvese el impacto en las cuentas públicas: se genera un gasto por el pago de la subvención y se dejan de generar ingresos por los eventuales impuestos de sociedades que habría pagado mi empresa por los resultados de este trabajo.

Llevado a mayor escala, porque este fenómeno no sólo me ha ocurrido con este cliente sino que ha sido algo generalizado durante varios años, esta competencia a mi juicio desleal por culpa de una subvención pública lo que desemboca es en destrucción de empleo. Porque ahora se empieza a explicar en parte el por qué desde 2007 hasta 2011 esa actividad en mi empresa ha caído un 80% en facturación. Afortunadamente tenemos más líneas de trabajo que han podido absorber en parte el excedente de personal, pero sí que es cierto que en el camino me tuve que desprender de uno de los ingenieros que tenía para estas tareas. Así que la pérdida de empleo desgraciadamente se ha producido, y lo cierto es que me avergüenzo de ello pero ahora también me siento indignado porque veo que son las Administraciones Públicas las que me han perjudicado activamente.

Otro efecto ciertamente perverso es que esta empresa ha hecho un trabajo tan flojo al emplear a personal no cualificado que ha restado valor percibido ante el cliente, hasta el punto de haber sido objeto de un descarte que en condiciones normales no se tendría que haber producido. Por ese motivo, ahora se ha producido un problema que habría sido perfectamente evitable de haber seguido un mantenimiento preventivo adecuado. Y como cualquiera sabe, es mucho más rentable la prevención que la corrección (y más seguro, además).

También es muy criticable la actitud de algunas grandes empresas que “dejan hacer” en estas circunstancias. Podemos estar seguros de que tenían constancia de la situación (porque el tipo de contrato de estos empleados es una información que se tiene que proporcionar siempre al cliente antes de su entrada a la planta para la prestación del servicio), pero como se ahorraban un dinero importante, “pelillos a la mar”. Me parece muy criticable.

Y por otra parte este es un ejemplo perfecto de lo mal que se hacen en muchas ocasiones los procesos de adjudicación de contratos al menos en el mundo en el que me muevo, primando absolutamente los criterios cuantitativos (el precio) frente a los cualitativos (la calidad). Es una historia que me han contado mil veces: “todos sabemos que sois los mejores, y os damos una recomendación favorable, pero tampoco podemos descalificar a vuestra competencia y si son más baratos pues pasa lo que pasa“. Como al final otros ofertantes dicen que sí a todo y la calidad de servicio es algo que se supone pero luego es muy difícil de medir con un número (más aún a priori), pues efectivamente los elementos cualitativos quedan olvidados y no se toman en consideración. Esto lleva a un progresivo deterioro de la calidad de los productos y servicios, recortes en prestaciones, atención menos dedicada, remuneraciones más apretadas… Todo un círculo vicioso muy destructivo, en el que nosotros mismos nos vemos atrapados porque si queremos mantener la máxima calidad nos quedamos fuera de mercado y terminamos cerrando.

Así que yo al menos tenía ayer la satisfacción de saber que cuando se ha producido un verdadero problema lo que han hecho ha sido inmediatamente llamarme a mí en persona, y dentro de lo malo he de reconocer que me ha alegrado de que mi competencia también haya perdido el trabajo. Quizá ahora, cuando algún jefe sentado en un despacho vea la factura que va a tener que abonar por la reparación, se replantee la decisión de no hacer mantenimiento preventivo por una empresa especializada. Y quizá, quién sabe, incluso se deje guiar por la recomendación de los técnicos que viven el problema a pie de planta. O no, visto el percal.

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11 comentarios

  1. Respecto al mismo tema, una anécdota sobre el efecto en el mercado de este tipo de políticas, quizá de forma más clara…

    Hace unos años trabajé de consultor con temas relacionados con proyectos europeos. La idea básica es que la Comisión Europea da ayudas a proyectos de Innovación. A estas ayudas se presentan muchos proyectos, y se escogen un número limitado con un proceso de selección (bastante interesante, por cierto, pero ese es otro tema).
    Bien, la empresa donde trabajaba mi jefe llevaba años ayudando a definir y presentar estos proyectos, de manera que se tenían más oportunidades de conseguirlos, ya que conocían lo que la Comisión Europea estaba buscando, los puntos a los que se le da más importancia, etc. Bueno, viene ser, después de todo, como hacer un examen después de haberlo hecho el año pasado, sabes qué partes son importantes, como presentarlo, etc.
    El caso es que no garantizaban nada, pero daban una buena probabilidad de que fuese aprobado (aprox. del 30%). Obviamente no aceptaban al tuntún cualquier proyecto. Se cobraba un fijo más un variable si el proyecto salía y, generalmente, se solían involucrar en el proyecto, ayudando con las revisiones, la gestión, etc…

    Y entonces la comunidad autónoma decidió que eso podían ofrecerlo ellos como “ayuda a las empresas”, y encima gratis. Claro, la calidad era muy inferior, pero como era gratis, a nadie le importaba demasiado… En poco tiempo, se cargaron el mercado. No sólo no salían los proyectos que preparaban, es que la voz se corrió de “estos proyectos no salen”, así que nadie quería contratar un servicio que, total, a ojos del cliente, no iba a servir de nada. Así que no es sólo que se gaste el dinero al hacer competencia desleal (que no requiere ganar un duro), sino que destroza un servicio existente en el mercado…

    1. Muchas gracias por la aportación. Es lamentable pero así es. Nos leemos.

  2. Muy bueno, y tienes toda la razón en la dinámica que explicas, pero sospecho que, sin querer ser agorero, la crisis cada vez nos inclina más hacia el low-cost, asumiendo como inevitable esa pérdida de servicio de calidad.

    Al final estamos todos en modo supervivencia, y eso nos hace actuar de forma reactiva y en clave de ahorro. Resultado: ahorramos día tras día, y después es posible que perdamos buena parte de ese ahorro en imprevistos y parches.

    Una pena, la verdad

    1. Gracias, JM. Aquí claramente estamos ante el dicho “lo barato sale caro”.

  3. Yo he visto esto a menudo en mi sector con el sobreempleo de becarios de universidad: unos buenos contactos y te haces con un auténtico ejército de programadores, investigadores y curritos en general a mucho menor precio y, en línea con tu anterior post, menores complicaciones en el ámbito laboral.

    De hecho tiendo a pensar que el ratio de productividad de un trabajador fijo y formado no está mucho peor que el de los becarios correspondientes para igualarle. Pero la flexibilidad y ausencia de pasivos sociales acaba por decantar la balanza hacia ese tipo de estructuras, y más ahora en tiempos de crisis.

    ¿Os acordáis de la película “Cadena perpetua”? Los contratistas locales sobornan al alcaide para que no opte a los concursos de construcción de carreteras a los que ellos van porque les arrasa en precios (¡lógicamente, con una tropa de presos haciendo trabajos forzados…!), pero a priori parecía buena idea que los presos paguen parte de su deuda con la sociedad trabajando.,.

    Lo público muchas veces, con toda su buena intención, introduce unos desequilibrios en las relaciones empresariales que van hacia la pérdida de calidad y bajada de precios. ¡Más reflexión por parte de la Administración, por favor!

  4. El tema de las subvenciones es controvertido. Cuando estudiaba en la universidad, el grupo de investigación donde hacía mi PFC hacía proyectos de desarrollo de software pagados con subvenciones públicas (CICYT y similares). La mayor parte del trabajo la hacíamos proyectandos y doctorandos: es decir, personal cualificado sin coste para ese grupo. La realidad era que vendía esos proyectos a empresas privadas, haciendo competencia a empresas privadas que (2) ofrecían servicios similares y (2) tenían personal contratado.
    ¿No es eso competencia desleal? La línea es muy delgada…

    Por otro lado, alguien debería pedir responsabilidades a ese jefe que decidió cambiar de proveedor tan alegremente, ¿no?

    PD: Espero que te hayas cobrado bien la reparación 😉

    1. Gracias, Alfonso. Para mí desde luego lo que comentas es competencia desleal. Como comenta Miguel, las AA.PP. tienen que reflexionar y pensar bien lo que hacen antes de desvirtuar el funcionamiento del mercado, porque queriendo ayudar por un lado están haciendo mucho más daño por el otro.
      Ya que me preguntas, el trabajo de ayer de apoyo técnico lo hice sin cargo, todo sea dicho, en la confianza de sembrar para cosechar más adelante. En otras palabras, quiero pensar que cuando llegue el momento de afrontar la reparación, sí contarán con nosotros a nuestras tarifas habituales, en línea con lo que manejábamos con ellos años atrás. Es un riesgo, evidentemente, pero creo que vale la pena correrlo.

  5. Ricar2 · · Responder

    A ver que os parece este caso, relacionado con la administración pública, donde trabajo, pero del que prefiero hablar más en abstracto. En diversas instituciones, se sacan a concurso contratos para determinados servicios tecnológicos. Es un sector muy reducido, con muy pocos clientes más allá de lo público. Lo que está pasando ahora es que el organismo central respectivo está desarrollando una aplicación con software libre, gratis para quien la quiera, que, y con los tiempos que corren mucho más, amenaza la existencia de futuras licitaciones para dichos servicios. Se puede acabar, potencialmente, con el futuro de este sector, pero también es cierto que se ahorra mucho dinero a la administración, ergo, a los contribuyentes. ¿Es buena o mala práctica?

    1. Muy interesante.
      Pues si es un desarrollo propio que va a servir para reducir costes de la Administración y que puede revertir en el público de una manera neutral, lo veo bien. Lo que cuento en el post es un caso donde la subvención favorece a un agente privado (con contactos) y perjudica a otro, y que redunda en un mayor gasto público y un menor ingreso público, pero si en esta situación no se favorece a unos más que a otros pues hay que verlo como una innovación en el mercado.
      En cualquier caso ¡muchas gracias por la aportación!

  6. […] varias veces que lo único que pido como empresario no es que me subvencionen, lo que crea a menudo efectos perversos, sino que nos dejen en paz y que más que promover artificialmente la creación de empresas lo que […]

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