Provocación, incorrección política o ingenuidad artística: matices de la libertad de expresión

Conducía esta mañana de camino al trabajo escuchando canciones de la discografía de The Cure en aleatorio, y cuando empieza a sonar Killing an Arab, me acordé de la interesante historia de esta canción , que cuenta maravillosamente esta entrada de blog a la que os remito para más detalle, pero os resumo a continuación.

Pese a lo chocante del título, se trata de un tema inspirado en el libro El Extranjero del autor existencialista francés Albert Camus, y en particular en un pasaje clave de la narración en el que el personaje principal, Meursault, dispara a un árabe en una playa (Standing on a Beach, como el título de la recopilación de singles de The Cure entre 1978 y 1986), abrumado por las circunstancias que le rodean. El protagonista confesará el crimen, será condenado a muerte, y afronta la situación con total desinterés por su propia existencia. Las letras de la canción (véase la transcripción aquí) reflejan ese existencialismo latente en toda la obra.

En cualquier caso, el título elegido para la canción es el que es, y se trata precisamente del primer single publicado del grupo británico, en 1978. Curiosa manera de presentarse en escena, ¿verdad? Despertó polémica, no fue incluido en el primer álbum del grupo publicado al año siguiente -sí, sin embargo, en la reedición bajo el título “Boys Don’t Cry” que se publicó en EE.UU. en 1980- y ha sufrido ciertos niveles de censura, desde la pegatina con la que se comercializó la anteriormente mencionada recopilación de 1986 que incluía la canción, donde se advertía contra su utilización racista, hasta su cambio de letras y título a “Killing Another” en conciertos de 2006, pasando por su censura explícita por parte de diversos medios durante la Guerra del Golfo y tras el 11-S, o el ridículo de cantarla como “Kissing an Arab” en la gira de 2005.

Parece que Robert Smith sufre de verdadera incomodidad al tocar el tema, aunque cabe plantearse qué de provocación tenía la elección del título por su parte o por la de su productor y dueño de la discográfica Fiction Records que editó el single. Aunque es innegable que dada la estructura de la canción y su estribillo, es el título natural del tema, así que puede ser perfectamente fruto de una ingenuidad creativa sin más.

Pero a lo que realmente quiero llegar con todo esto es a lo tristemente prostituidas que están muchas veces las libertades y en particular la libertad de expresión, que ha vuelto a estar de rabiosa actualidad con el ataque al consulado norteamericano en Bengasi (Libia) tras la difusión de una película paródica sobre la vida de Mahoma (aunque hay noticias que indican que el ataque usaba la película más como pretexto que otra cosa), o la inmediatamente posterior publicación en el semanario satírico francés Charlie Hebdo de unas viñetas que caricaturizan a Mahoma, provocando airadas respuestas de ciertos entornos islámicos y dando lugar a una asustada reacción por parte de las autoridades francesas, aunque afortunadamente parece que en este último caso, ya sea por ese exceso de prudencia desde el primer momento, o porque la mecha estaba ya agotada tras el incidente anterior, no ha escalado más la violencia.

A menudo me pregunto hasta qué punto los artistas o creativos se están limitando a ejercer su libertad de expresión o simplemente juegan a la provocación por ganar notoriedad, por tratarse de una estrategia puramente de márketing, o simplemente por el mero placer de la provocación en sí misma, algo muy propio de la pose “artística”. Y al mismo tiempo, me cuestiono si los medios de comunicación no juegan exactamente a lo mismo, sabedores de que el público está ávido de consumir este tipo de polémicas. De alguna manera, se retroalimentan los unos a los otros.

Aquí nos escandalizamos mucho con estas reacciones del mundo árabe, y se defiende la libertad de expresión, se critica la actitud de los fundamentalistas islámicos, y les recordamos que aquí nadie se rasga las vestiduras con La Vida de Brian, por ejemplo, que es un paradigma de la parodia religiosa (y una obra maestra del género cinematográfico, todo sea dicho).

Pero sin embargo permitidme recordar la escandalera que se montó por estos lares patrios con la caricatura del dopaje español que hicieron los guiñoles franceses de Canal Plus, que tanto nos ofendió y que llegó a motivar incluso reacciones de protesta a nivel oficial. Curiosamente el tema religioso, que es intocable en ciertas culturas pero sin embargo tenemos totalmente desmitificado en otras como la nuestra, es el espejo en este caso del deporte, donde nos escandalizamos si alguien pone en cuestión los éxitos nacionales de los últimos años y los vinculamos al dopaje (cuando, como podéis leer en este escalofriante texto, habría más de una razón para abrirse ciertos interrogantes), que pasa a ser el tema tabú a nivel de opinión pública.

No obstante lo anterior, donde quizá muestro mi visión más cínica sobre esta cuestión de las libertades de expresión, no quiero dejar de manifestar mi rotunda convicción en favor del ejercicio de las libertades. Creo que hay que ser tolerantes y respetuosos con este tipo de manifestaciones artísticas y humorísticas y no darle mayor importancia que la que tienen. Al final es responsabilidad de cada uno el saber ignorar (recordando que “el mayor desprecio es la falta de aprecio“) aquello que consideremos mera provocación, y no deja de ser positivo y muestra de inteligencia el saber reírse de uno mismo.

Una sociedad avanzada es para mí la que es altamente respetuosa con sus libertades. Lamentablemente, hoy en día la corrección política y el miedo a herir susceptibilidades se convierte a menudo en una importante cortapisa, que cuando algunos se saltan lo hacen de manera desmesurada precisamente para llamar la máxima atención. Sería bueno ni caer tanto en la autocensura ni tampoco conceder tanta relevancia a los que se salen del tiesto, ¿no creéis? Claro que no son tiempos donde la mesura y la moderación coticen alto. Los extremos venden más.

En cualquier caso, cómo me alegro de que Robert Smith, fuera por puro interés creativo (como parece) o como atajo para darse a conocer, no tuviera reparos en grabar y publicar una canción tan excelente como esta:

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Un comentario

  1. Suanzes · · Responder

    Realmente interesante tu reflexión. En el momento en que vivimos creo que se esta usando la libertad de expresión de una manera equivocada, que creo más bien que es libertinaje. Que necesidad hay de ofender y de herir al que tenemos enfrente, hay que ponerse en el pellejo del otro y en este caso Mahoma es para ellos un personaje sagrado, si sabemos que ridiculizándolo les estamos ofendiendo ¿por que lo hacemos?. Como tambien creo que si hay algo que nos ofende debería bastar con decirlo sin pasar a mayores.

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