Rompiendo una lanza por las amas de casa

Presumo con gran orgullo de la gran influencia que sobre mí tuvo la figura de mi difunto padre, y de hecho le dediqué un sentido homenaje hace unos meses, que para mi gran satisfacción es uno de los artículos más leídos de la historia del blog. Pero es justicia hoy me toca presumir de madre.

Mi madre era una profesora de lo que hoy es primaria, que renunció a su carrera profesional por dedicarse al cuidado de sus tres hijos. Eso es algo que en su día se consideraba perfectamente normal, y hasta hacía muy poco tiempo resultaba casi obligatorio, pero en la actualidad la liberación de la mujer y los avances en la conciliación de la vida laboral y familiar (aunque queda muchísimo camino por recorrer) permite cada vez más compaginar la labor de madre con la de trabajadora.

Ahora bien, si bien esa figura de madre trabajadora tiene muchísimo mérito porque se trata de “supermujeres” que tienen una doble jornada de trabajo, una en la oficina y otra en casa -porque para qué nos vamos a engañar, los hombres cada vez colaboramos más pero todavía tenemos grandes lagunas, al menos en mi caso- lo que no me parece bien es que se caiga en el desprecio o la minusvaloración social del papel de ama de casa. Que es lo que yo percibo en la actualidad. Existe una fuerte presión social por que las madres no abandonen su faceta profesional por los hijos, y estoy seguro de que muchas mujeres se inhiben a la hora de tener hijos para no sacrificar esa vida laboral, y me preocupa que los estereotipos socioculturales que imperan en nuestra actualidad tienen una influencia importante en el bajísimo índice de natalidad que desafortunadamente presenta España. Es ese feminismo mal entendido a mi juicio: en vez de centrarse en lo positivo, que es simplemente que la mujer tenga libertad de decisión y pueda escoger su camino, automáticamente ponemos en tela de juicio las cualidades de quien renuncia a una vida profesional por el cuidado de los suyos.

Yo como padre de tres niñas y trabajador admiro enormemente a las amas de casa, porque como comento a menudo, yo trabajo los fines de semana y descanso entre semana. El cuidado de los niños es absolutamente agotador, y la gestión de la casa puede llegar a resultar frustrante, monótona y nada agradecida. Mientras que en el trabajo uno percibe una utilidad material de lo que hace -como mínimo, por el hecho de recibir una compensación monetaria-, esas tareas domésticas sólo se gratifican de forma inmaterial e intangible.

Pero ¡qué importante es la labor de una madre educando personalmente a sus hijos! Porque por mucha suerte que uno pueda tener encontrando a una “chica” que le ayude, o sean los abuelos los que suplan la ausencia de los progenitores, el amor y la dedicación de una madre nunca es sustituible. Si yo he terminado saliendo adelante con una visión ética de la vida, fui buen estudiante y puedo presumir de haber tenido una infancia y adolescencia normales y tranquilas, es en gran medida por la figura siempre presente de mi madre, aportando cariño, sosiego e inculcándome valores.

Es por supuesto importantísimo que los demás miembros de la familia sepan valorar el trabajo de esa ama de casa que ha sacrificado su vida profesional por dedicarse al cuidado de los demás. Es un trabajo de gran entrega y dedicación. Ahí en mi caso tuve la fortuna de que mi padre nos insistía con mucha frecuencia en que no debíamos dar por hecho todo lo que hacía mi madre y que teníamos que ayudar y agradecer. Aunque lamento que a menudo caíamos en la comodidad de esperar a que ella lo hiciera todo, francamente, cosa que hacía con ánimo, buen humor y sin exigir nada a cambio.

Al final la única tranquilidad que me queda es que ella siempre tuvo la seguridad en sí misma de estar haciendo lo correcto y estoy convencido de que es un sentimiento compartido por tantas otras mujeres que asumen ese papel: la gratificación de dar y la autorrealización que de ello se deriva, si se sabe enfocar correctamente. En una sociedad excesivamente focalizada al tener y al recibir, es justo reconocer y valorar esta figura.

Y ojo, también un hombre puede perfectamente asumir ese rol. Claro que aprovechando que socialmente está menos asumido, y que es un trabajo tan difícil y fatigado, muchos se escudarán en el “qué dirán” y en las convenciones culturales para esquivarlo. Pero no nos vamos a engañar: no es que esté mal visto, es que es muy duro.

De modo que: ¡gracias, mamá, por todo lo que hiciste siempre por tu familia!

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5 comentarios

  1. Sr Cuñado. va a lograr que seme caiga el lagrimón. Estamos hablando de la figura más meritoria y menos reconocida del mundo. Todos aquellos que tenemos hijos sabemos la excelsa labor de nuestras mujeres cuidando de nuestros hijos, mientras mantienen su maremagnum particular. Me uno al reconocimiento a todas las madres que hacen posible que seamos lo que somos. Excelente reflexión.

  2. Nacho · · Responder

    Pues sí, hay que valorarlo ¡y mucho!, e intentar que los hijos también se den cuenta y lo valoren. Generalmente tendemos a no darnos cuenta de las cosas que nos favorecen y nos hacen la vida más fácil, y sin embargo ser muy consciente de todo lo que nos molesta. Valorar lo que uno tiene, es una máxima en mi vida y no caer en ello justo cuando lo pierdes o puedes perdelo (de hecho ayer, comiendo con Jaime tratamos este tema).
    Un abrazo.

  3. Solamente quería comentar que me ha encantado el artículo y me he visto reflejada en él, renuncié hace ya seis años a mi vida laboral para cuidar a mis dos hijos y siempre he pensado que el feminismo “bien entendido” consiste en que las mujeres seamos libres para poder elegir y no decidir lo que parece que marca el ritmo de esta sociedad. Por eso me ha gustado mucho leer un artículo sobre las amas de casa, ya que una está ya un poco cansada de leer siempre sobre la “superwoman” refiriéndose a la mujer trabajadora, ¡ay si yo contara a alguna de ellas lo que es ser “superwoman”…..!

    1. Muchas gracias por el comentario. Me alegro un montón de haber sabido ensalzar el papel de mujeres como tú y te felicito 🙂

      1. Vaya, una tal Pía que dejó su vida laboral hace 6 años para cuidar de sus dos hijos. Que casualidad ¡¡Como mi mujer!!

        En este caso, yo no tengo ninguna duda de quien es la superwoman de la casa (:

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