Indignado conmigo mismo

Es una lástima pero compruebo en mis propias carnes que a medida que uno va sumando años se vuelve un poquito más cínico y pragmático, y olvida cierto ímpetu juvenil en defensa de los ideales propios. Yo intento mantener ciertos principios firmes -y este blog me sirve de hecho de espolón-, pero estaba recordando el otro día una anécdota de niño que me rememora un espíritu que me preocupa estar perder.

Estaba yo en 8º de EGB (los pre-LOGSE sonreirán con esta mención a la antigua Educación General Básica), con 14 años para dar más referencias, y salía del aula para el descanso de media mañana. De los últimos, porque siempre he sido un poco lento para recoger y salir, por esa manía mía desde niño de no dejar nada a medias (léase: no dejar caer el boli y salir pitando cuando sonaba la bocina). Observo cuando llego por fin al patio que se está montando un corro muy concurrido, y rápidamente me di cuenta de que estaba comenzando una pelea en la que uno de los “duros” de mi clase le está pegando a un compañero. Lo cierto es que la víctima de la agresión era un chaval que nos tenía a veces un poco desquiciados a todos, y que aparte por temas que no vienen a cuento se beneficiaba de cierto favoritismo por parte de los profesores, lo que colaboraba a esa manía que muchos le tenían/teníamos. Pero la pelea estaba claramente desequilibrada y recuerdo sentir verdadero estupor viendo a la masa de compañeros que estaban simplemente mirando. Casi disfrutando con el espectáculo.

Yo, que era el delegado de clase y me lo tomaba muy en serio -en retrospectiva, me avergüenzo un poquito de ese rigor que tenía como tal-, y superando un momento inicial de duda, ya que al fin y al cabo el chico que pegaba a mí también me podría dar una paliza si quisiera, me metí en el corro, le di cuatro gritos y me llevé a rastras al agredido hasta una esquina. No sé muy bien qué pasó, porque no miré atrás, pero supongo que una vez acabado el show, el público se dispersó.

Bien, pues os puedo asegurar que esta anécdota es de las que más me marcó en mis años colegiales y es de las veces en las que más orgulloso me he sentido de mí mismo, por una poderosa sensación de haber hecho lo correcto.

He leído en fechas recientes con una sensación de rabia e impotencia las noticias del SAT y Sánchez Gordillo asaltando un Mercadona, luego de piquetes de CGT y CNT irrumpiendo en tiendas de Apple y Zara y quemando un maniquí, y ahora otro asalto a un Mercadona para robar comida con la excusa de tratarse de un “acto reivindicativo” y con un abogado a modo de escudo legal. Me parece verdaderamente lamentable y yo lo veo como lo que son: actos delictivos ante los que no cabe más que exigir que tomen medidas de orden público y judiciales.

Pero no me quiero engañar a mí mismo. Lo que me genera impotencia e indignación conmigo mismo es pensar que si yo hubiera estado en ese momento dentro de alguno de estos establecimientos a los que se está asaltando, y donde se coacciona a los trabajadores y encargados con la velada amenaza de violencia o, en el retorcido mundo en el que vivimos, de una demanda con cualquier excusa peregrina si presentas oposición, seguramente habría hecho lo mismo que parecen haber hecho los clientes de esos establecimientos: quedarse quietos y callados, y rehuir la confrontación. Y seguro que alguno hasta le ha reído la gracia a todos estos delincuentes.

Cómo me gustaría leer algún día que entra un grupo de estos de veinte o cuarenta personas a un Zara, un Mercadona, una tienda Apple, un Corte Inglés, o aunque sea a un Todo a Cien, y se generase una reacción espontánea de los clientes en ese momento presentes, replicando a sus consignas antisistema y contrarrestando su coacción con una pacífica pero masiva oposición. Estoy seguro de que todos estos exaltados no serían capaces de reaccionar ante una firme entereza del conjunto de los ciudadanos decentes, que son la inmensa mayoría, y rápidamente se dispersarían con el rabo entre las piernas.

Releía hace unos días un cómic por el que tengo especial predilección y que fue la última gran serie que seguí mes a mes en mi época coleccionista, en la segunda mitad de los 90: el Preacher de Garth Ennis y Steve Dillon. Es una historia fantástica con el hilo narrativo un poco delirante de un predicador que busca a Dios para reprocharle que haya dejado tirados a los hombres. Pero en realidad es una historia sobre la amistad, sobre el amor verdadero y sobre la integridad sin fisuras de un hombre. Y aunque en la vida real estos modelos tan idealizados no existen, no por ello hay que dejar de aspirar a alcanzar ciertos estándares de comportamiento. Os dejo con una página que para mí resume toda una filosofía. Habrá quien le parezca una ñoñez. Lo siento mucho por él.

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5 comentarios

  1. Extraordinario y valiente su post, Sr Cuñado. Le felicito.Debo ser por cierto muy ñoño porque ha conseguido emocionarme… Para mi que es la edad…
    A lo que iba. La crisis actual no es una crisis financiera, es una crisis de valores, de salvese quien pueda, de pretender lucrarse a costa del resto, de abusos desmedidos y sistemicos, de una corruptela aceptada y, si me apura, de una falta de principios ante la resignacion del burgo… Quien me iba a decir que Cervantes capto a la perfeccion el karma español…
    Saludos

  2. Pues esta vez voy a discrepar contigo, pena de no hacerlo con una caña delante (:

    Entiendo lo que planteas y en términos legales, tienes toda la razón: se están saltando la ley, así que técnicamente son delincuentes. No voy a negar lo obvio. Pero detrás de eso, hay muchos matices que a veces interesa enterrar bien hondo.

    Tú sabes bien que saltarse la ley es algo habitual en este país, aunque en algunos casos no salga en primera página: ¿acaso no se la saltan los partidos políticos, y sólo vemos la punta del iceberg? ¿No se la salta continuamente la propia administración pública con la ley de morosidad, que parece un cachondeo más que una ley? ¿En en la empresa privada? ¿Cuantas violaciones de la ley has visto en tu carrera? ¿Y la banca? Y si no son violaciones flagrantes, ¿cuantos vacíos legales se aprovechan en beneficio propio? no me lo quiero ni imaginar…
    ¿No nos caían simpáticos los amigos de Greenpeace cuando se encadenaban a las puertas de las nucleares? ¿No es eso una violación de la ley?

    Pero no quiero justificar un “robo” por el mero hecho de que vivimos en un país de pandereta. Un violación de la ley es lo que es, sea algo habitual o completamente excepcional.

    A donde quiero llegar es a que, si quitamos el ruido de los fuegos artificiales (muchos de ellos son fuego de distracción), lo que yo veo es algo muy parecido a lo que tú hiciste en el colegio: intentar defender a la parte más débil, y si para eso hay que saltarse una norma “menor”, se salta. ¿Qué habrías hecho tú si para defender a aquel chico, hubieses tenido que transgredir alguna normal del colegio? Un conflicto moral interesante, ¿verdad? Si lo hubieras hecho, habrías vivido ese orgullo que describes, incluso mayor, y lo seguirías recordando como uno de los momentos que más te marcó la infancia. ¿Y si no lo hubieras hecho? ¿estarías orgulloso a día de hoy de haber respetado esa norma, haciendo oídos sordos de los golpes?

    Porque detrás de este razonamiento, la pregunta última es: ¿qué es lo correcto? ¿Respetar la ley, incluso cuando sabemos que la ley no es justa? ¿Respetar una ley que se fragua desde una élite que no siempre busca el bien común, sino satisfacer intereses propios, en algunos casos, o satisfacer “al mercado” o “al partido” en otros? ¿está “el mercado” por encima de las personas?

    Tengo la suerte de vivir a 10 minutos de donde se gestó parte del pensamiento liberal económico, donde vivieron algunos de los pensadores más ilustres del siglo de oro español: Tomás de Aquino, Juan de Mariana, Luis de Molina, Martín Azpilicueta (se hacía llamar Dr. Navarrus, este me cae especialmente bien 🙂
    El caso es que a poco es rasques en la historia, podrás ver que los orígenes del liberalismo son muy distintos a lo que se ha convertido hoy: los escolásticos de la Escuela de Salamanca intentaban defender a las personas, contra los abusos de poder de los gobiernos déspotas y la propia Iglesia (a riesgo de ser juzgados por herejes!). Utilizaron la economía para ello, con ideas revolucionarias, transgresoras, y se saltaban normas, sin pudor. Pero resulta que nos hemos quedado con lo que nos interesa de sus pensamientos, hemos construído una catedral de la teoría económica sobre ellos, y hemos obviado una parte de la ecuación: la dimensión humana.

    Te invito cuando quieras a visitar el museo del monasterio dominico de San Esteban en Salamanca (https://www.google.es/search?q=san+esteban+salamanca), y charlar sobre estos temas.

    Por último, una cita de Santo Tomás de Aquino, precursor de todo este movimiento, y quizá el primer defendor de la propiedad privada:

    “Si es vehemente y no se puede aliviar de otro modo, excusa totalmente y no es
    realmente hurto, porque en caso de necesidad todas las cosas son comunes”(Ibídem,
    parte 2, inq.3, sec.1, q.2, capítulo 3; p. 306)

    Quien tenga curiosidad sobre estos temas, tengo referencias para parar un tren (:

    Saludos!

    JM

  3. Palmira gomez · · Responder

    Hola

    A mi no me hacen ninguna gracia las personas que asaltan negocios de otros, pero te puedo asegurar que metida en una movida de esas por casualidad, no movería un dedo por evitar que el empleado de turno del mercadona, del zara o del corte inglés tuviera que hacer una llamada al seguro que corresponda para que se haga cargo de los desperfectos.

    1. Estimada Palmira:
      Lo primero agradecerte el comentario y que lo publiques con nombre y apellido, que para mí le da doble valor.
      Lo único que quería decirte es que precisamente lo que quería expresar en mi post es que esa actitud de “total, si lo va a pagar el seguro, para qué me voy a complicar la vida” no es del todo correcta a mi juicio porque estamos comportándonos con cinismo en vez de con principios. Pero ojo, te reconozco que lo más probable es que yo hiciera lo mismo, quizá no tanto por saber que el seguro lo va a pagar, como por miedo a que uno de estos exaltados me pegue una coz dentro de esa sensación de impunidad que les proporciona la masa.
      De nuevo gracias por leerme y por molestarte en escribir tus impresiones. Esta es tu casa y eres más que bienvenida. Un saludo 🙂

  4. Reblogged this on ponchomichi and commented:
    apollame

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