David contra Goliath en las redes sociales: separando el grano de la paja

Ha cundido el estupor en las redes sociales al conocerse la noticia de que Telecinco demanda por delitos de amenazas y coacciones al bloguero Pablo Herreros, quien el año pasado fue el impulsor de una iniciativa a través de la web change.org y difundida mediante las redes sociales para requerir a los anunciantes del programa La Noria de Telecinco para que retirasen su apoyo a dicho programa por haber remunerado por una entrevista a la madre de uno de los imputados en el lamentable caso del asesinato de Marta del Castillo.

La verdad es que en ese momento la opinión pública estaba muy sensibilizada por lo escandaloso del asunto y por esa sensación de que los criminales que habían asesinado a la pobre chica se estaban aprovechando de todos los resquicios de una justicia garantista para casi irse de rositas, muy especialmente en el caso del menor cuya madre ahora se iba a aprovechar económicamente de esa aparición en el programa conducido por Jordi González. Por ese motivo, la iniciativa de Herreros tuvo una potente repercusión y las marcas rápidamente retiraron su publicidad de La Noria, que finalmente quedó relegada por T5 a la medianoche para compensar la pérdida económica, aunque a efectos prácticos se reformuló de alguna manera como “El Gran Debate“, de nuevo en prime time, aunque quizá con un poco más de cuidado en su selección de invitados. [Lo cierto es que aquí no puedo opinar de primera mano porque no soy consumidor de televisión y apenas soy consciente de su existencia por su repercusión en Twitter].

Fue, francamente, un buen ejemplo de lo que traté de expresar en mi post sobre la separación de poderes en el siglo XXI, donde las redes sociales pueden jugar un nuevo papel como contrapeso popular de esos tres poderes tradicionales cuya separación brilla por su ausencia.

La actitud en estos momentos de Telecinco, una vez superada aquella polémica y reeditado el éxito inicial de La Noria en su nueva encarnación, es difícilmente comprensible. Primero, porque me cuesta mucho creer que los jueces vayan a darle la razón a T5 en esta demanda, por lo que sólo cabría pensar en que el motivo de la misma es que sirva como medida disuasoria para prevenir que otros blogueros tomen caminos similares en otra ocasión. Pero puede fácilmente servir para todo lo contrario, es decir, animar a internautas indignados a repetir el proceso. Y en segundo lugar, es evidente y hasta el más tonto podía prever que el efecto más inmediato de la noticia es generar una ola de malestar en contra de Telecinco y de apoyo hacia Pablo Herreros. De hecho ya tenemos una nueva petición en change.org, esta vez para apoyar al bloguero y pedir la retirada de marcas de su publicidad, no ya en un programa concreto, sino en la totalidad de la parrilla de la cadena.

Por mi parte no creo ni siquiera necesario dedicar una línea más a expresar mi apoyo a Pablo Herrero y mi total reprobación de la actitud de la cadena de Mediaset, a la que francamente la considero más que criticable no sólo por esto sino también por el muy escaso nivel medio de su oferta televisiva, ya desde sus orígenes. 

Ahora bien, el motivo del post, más que el anterior, es comparar este caso con el que se ha producido prácticamente al mismo tiempo con un tuitstar gastando una broma acerca del fallecimiento del Rey Don Juan Carlos I, partiendo de un falso tuit atribuido a El País, como narra esta información de Vozpópuli.  Yo en este asunto quiero expresar mi opinión en varios aspectos:

  1. Me parece de muy mal gusto bromear con la vida de los demás, sea quien sea.
  2. Comprendo que la institución monárquica esté cuestionada tanto por su anacronismo como por los comportamientos poco ejemplarizantes de muchos de sus miembros en los últimos tiempos, pero como ya comenté hace tiempo, creo que el Rey se ha ganado un respeto por su papel histórico en la Transición.
  3. Me entristece que bromistas de mal gusto como el tal @FacuDiazT o su “colega” @MikelNhao puedan presumir de tener muchos miles de seguidores cuando yo no aprecio ninguna aportación valiosa, ni siquiera humorística, en sus tuits.
  4. Creo que El País tiene todos los motivos para expresar su malestar por lo que ha hecho este payaso suplantando su identidad  porque la imagen se ha llegado a retransmitir por internautas que se han tragado inocentemente la broma precisamente por la credibilidad que le daba esa identidad.
  5. No obstante lo anterior, tampoco pienso que en la práctica se perjudique la reputación online del diario porque rápidamente se ha podido constatar la realidad y ha quedado claro que no era más que una tomadura de pelo de muy mal gusto. Puede que incluso haya generado en algunos una típica reacción posterior de simpatía hacia la víctima.
  6. Diría que el más perjudicado en realidad no es ni la Casa Real, ni El País, sino en realidad el propio medio: Twitter.

Me explico en lo referente al último punto. Os comentaba hace unos meses que me gusta mucho Facebook como concepto, posibilidades de extenderse en comentarios, diferentes ajustes de privacidad, etc., pero que Twitter se estaba ganando mi favoritismo por su más ágil aplicación móvil, por su papel de tablón de noticias actualizado en tiempo real, y porque los usuarios más interesantes los encontraba allí. Facebook está hoy pagando el precio de haberse ganado una fama de ser una red social intrascendente y de cotilleo, como brillantemente plasma esta viñeta:

Por eso, a Twitter no creo que le convenga el que se dude de la credibilidad de las noticias que en su plataforma se propagan, ni que sea sencillo que un usuario juegue a suplantar personalidades de otros usuarios con el truco este de “mira la captura de pantalla que tengo de este tuit que no-sé-quién ha publicado y luego borrado”. Tampoco pienso que les favorezca el que se trasnmute en una red de intrascendencias, una especie de WhatsApp lleno de gritos irrelevantes y sin interés al universo. Mucho ruido y ninguna nuez no es precisamente lo que le ha llevado al pajarito a ganarse un hueco en la rutina cotidiana de tanta gente.

Me pregunto francamente cuál sería la reacción de la comunidad si se tomaran medidas contra usuarios como @FacuDiazT por este tipo de comportamientos que sí que considero claramente reprobables. Seguramente muchos se indignarían, pero a poco que uno lo piense, no hace ninguna gracia que otro usuario te pueda trollear impunemente amparándose en el anonimato y en el laissez-faire imperante en las redes sociales. No quiero olvidar el recientemente conocido caso de Amanda Todd, que se suicidó tras sufrir un reiterado ciberacoso. Sería bueno que las propias redes sociales fueran receptivas a la hora de poder denunciarse estas prácticas inaceptables y contundentes en su respuesta, no tanto por la vía legal -que por supuesto que también en algunos casos-, sino como mínimo congelando cuentas o identificando a esos usuarios de mala reputación.

Alguien me recordará, claro, el caso de Ricardo Galli, que también tengo en consideración. Pero soy consciente de ello y creo más importante para la propia red social el que sea celosa en preservar su credibilidad y un cierto nivel de contenidos, aunque alguna vez se pueda cometer algún error de apreciación, que siempre podrá corregirse tras una verificación que también será imprescindible.

En cualquier caso, es un tema polémico y con muchas aristas, así que como siempre cualquier apreciación será más que bienvenida.

Anuncios

2 comentarios

  1. Me parece muy sensato lo que planteas.

    La actitud de T5, en este caso, es completamente reprobable. En especial, porque NO todo vale para conseguir un rédito económico. Tampoco vale todo para difamar, mofarse o calumniar a nadie. Y Twitter no es un buen ejemplo en esto: demasiados egos y demasiado ruido. Hay que saber distinguir el grano de la paja.

    El caso de La Noria me ha recordado a otro que ha pasado más desapercibido. El caso no es igual, pero el fondo es el mismo: “La organización Access Info Europe tendrá que pagar 3.000 euros por querer saber las medidas de España contra la corrupción” (http://ow.ly/fvXdT). Es decir, una organización que usa las redes sociales para mejorar la transparencia y fomentar el gobierno abierto, es demandada por hacer lo que considera justo. Igual que lo que hizo Pablo Herreros.
    El ‘establishment’ (sea político, económico o empresarial) se revuelve contra el altavoz de los particulares. Preocupante, cuando menos.

  2. […] vez las voces individuales de los internautas, algo de lo que no hace mucho hablaba también el bueno de Daniel Cuñado. Puede que muchas de ellas no se escuchen nunca lo suficientemente alto, pero estamos asistiendo […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: