Trabajar escuchando música: ¿es aceptable? ¿Recomendable incluso?

Tenemos en el trabajo un eterno debate con el asunto de la música. Hay una serie de personas del equipo a los que les gusta trabajar con música mientras que a otros no. En la prehistoria de la empresa se llegó a tener hilo musical, pero en un cambio de oficinas se abandonó y desde entonces se trabaja en silencio. Sin embargo, en los últimos años algunos han empezado a ponerse los “pinganillos” para escuchar música o la radio mientras trabajan. Eso a otros compañeros les ha causado un cierto estupor, porque no lo comprenden (“se van a distraer, seguro“) y porque alegan que les parece que da una imagen poco seria. Algunos incluso se quejan del rumor que escapa de los auriculares.

Yo francamente he sido tolerante en este asunto. Recuerdo que hace años iba a las oficinas de unos amigos donde tenían Radio 3 como sonido de ambiente. Estaba genial para mi gusto cuando se escuchaba a Tomás Fernando Flores poniendo a Tricky y compañía, pero sin embargo en general me parecía una decisión muy controvertida porque es una música que te puede gustar o no gustar, y en este último caso resulta incluso molesta. Y cada persona es diferente. Yo por ejemplo soy un gran aficionado a la música, pero prefiero trabajar sin ella cuando necesito plena concentración. Y escuchar tertulias radiofónicas o noticias ya me parece el colmo de la distracción. Pero soy yo. Comprendo que otras personas sean diferentes o incluso que dependa del nivel de concentración o de repetición que tenga la tarea. Entiendo que un tornero o un operario de prensa hidráulica se aburra mortalmente haciendo la misma tarea repetitiva horas y horas, y le apetezca escuchar la radio. Así que mientras que lo escuchen con auriculares y con un volumen que tampoco filtre en exceso ruido al exterior, soy muy tolerante.

Así que me hizo gracia leer en un vuelo de vuelta a Madrid desde Dubai el artículo escrito por Amisha Padnani que traduzco a continuación, publicado en la revista “Portfolio” #82 de octubre de 2012 de la línea aérea Emirates:

A alguna gente le gusta escuchar música cuando empieza a perder la concentración. Pueden también ponerse los auriculares para escapar de un ambiente muy ruidoso -o demasiado silencioso- o para hacer más entretenida una tarea repetitiva.

En términos biológicos, según el Dr. Amit Sood, facultativo de medicina integradora en la Clínica Mayo, los sonidos melodiosos estimulan la liberación de dopamina en el área de recompensa del cerebro, de la misma manera que lo haría comer un delicioso manjar, ver algo atractivo u oler un aroma agradable.

La mente de las personas tiende a divagar, “y sabemos que una mente que divaga es infeliz”, dice Sood. “La mayor parte de ese tiempo le estamos dando vueltas a las imperfecciones de la vida”. La música nos ayuda a volver al momento presente.

“Te rompe la dinámica del pensamiento unidireccional”, observa Teresa Lesiuk, profesora asistente en el programa de terapia musical en la Universidad de Miami. Las investigaciones de Lesiuk se centran en el impacto de la música en el rendimiento en el lugar de trabajo. En un estudio sobre especialistas en tecnología de la información, halló que aquellos que escuchaban música completaban sus tareas más rápidamente y tenían mejores ideas que aquellos que no lo hacían, porque la música mejoraba su estado de ánimo.

“Estando estresado, tiendes a tomar decisiones precipitadas; tienes menor capacidad de concentración”, dijo. “Cuando estás de buen humor, eres capaz de contemplar más alternativas”.

Lesiuk descubrió que la capacidad de seleccionar la música que se escuchaba era muy importante. Dejó escoger a los participantes en su estudio la música que querían escuchar y el tiempo que querían hacerlo. Aquellos que tenían un nivel de cualificación moderado para su trabajo eran los que más se beneficiaban, mientras que los expertos apenas lo hacían. Para algunos novatos, la música incluso les distraía.

Pocas empresas tienen una política sobre escuchar música en el lugar de trabajo, según Paul Flaharty, vicepresidente regional de la empresa  Robert Half Technology, que se dedica a ceder personal a terceros. “Pero es recomendable consultar con tu superior, incluso si observas a otros empleados con auriculares en el trabajo”. Comentaba que a algunos supervisores les puede parecer que un subordinado con auriculares no están suficientemente implicados o están bloqueando importantes interacciones, “porque están en su propio mundo”.

Para aquellos que optan por escuchar música, lo mejor es establecer unos límites, ya que llevar auriculares toda la jornada puede percibirse como algo maleducado por parte de sus compañeros.

Sood, en la Clínica Mayo, decía que bastan de 15 minutos a media hora escuchando música para recuperar la concentración. Lo ideal es la música instrumental, según él.

Daniel Rubin, columnista en el Philadelphia Inquirer, comenta que lleva gran parte de sus 33 años de carrera profesional en el periódico escuchando conciertos de jazz y piano, pero sólo cuando tenía objetivos de fecha de entrega. “La persona toqueteando la mesa de al lado con las uñas y el que estaba tarareando a tres puestos de distancia sonaban demasiado ruidosos para mí como para ignorarles”.

Andrew Enders, 28 años, abogado y corredor de seguros, nos cuenta que un compañero de oficina y él establecieron vínculos en torno a un programa de radio que escuchaban mientras trabajaban. Apagaban la radio sólo cuando uno de ellos hablaba con un cliente, y bajaban el volumen cuando se acercaba el jefe.

“Hago estas cosas tan serias como es revisar condiciones de seguro y evaluar exposición a riesgos y contingencias”, decía Enders. “Una parte importante de mi personalidad es el lado artístico, y la música me ayuda a equilibrar mi yo como individuo con lo que hago en mi trabajo”.

Muy interesante, ¿no creéis? Supongo que en definitiva este artículo me da la razón en cuanto a ser flexible en las condiciones de trabajo y admitir que una cosa es lo que yo haría y otra es valorar que cada miembro del equipo merece ser tratado individualmente con sus particularidades, ya que al fin y al cabo lo importante es que esté a gusto y rinda lo mejor de sí mismo para bien de todos. Es evidente lo que se dice en el artículo de que tampoco hay que dejar que esa costumbre de escuchar música moleste a terceros o se convierta en un obstáculo para las relaciones con los compañeros, pero sin duda para muchas personas puede ayudar a concentrarse, aislarse de un entorno que distrae, o, por qué no, desconectar un poco del típico colega con el que estás enfadado.

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12 comentarios

  1. Es que lo mínimo, digo yo, es no imponerle la música a nadie… Yo escucho música de vez en cuando, y podcasts (que viene a ser como la radio) también de cuando en cuando… Pero siempre con cascos, que mis gustos son míos y nadie más tiene por qué compartirlos.

    Y también necesito silencio a veces, así que también hace falta de eso en una oficina…

  2. Muy bueno tu artículo, Daniel!
    Pues mira, te cuento mi experiencia personal. Nosotros antes en el trabajo montamos un servidor multimedia, con una cola. Cada uno de nosotros (éramos 4 en aquel momento) podíamos lanzar a la cola del servidor el/los tema/s que quisiéramos. Podíamos también cambiar el volumen, cambiar de canción, etc., con unos simples comandos. Al principio fue muy bien, pero al poco tiempo la música se empezó a repetir bastante. Alguno de los compañeros empezó a poner siempre la misma música, que acabamos aborreciendo (eran canciones de Maná). Al final, acabamos quitando el servidor, y cada quien que se ponga sus cascos si quiere.
    A mí sí que me gusta trabajar con auriculares, porque me ayuda a concentrarme, siempre que no sea música en castellano o en italiano. Pero eso sí, intento siempre dejar una antenita mental para enterarme de lo que pasa alrededor, sobre todo de si me llaman, porque tengo un compañero que se mete en su propia burbuja, y me parece que tener que estar llamándole 4 veces para que te haga caso, es algo poco profesional (aunque el entorno de trabajo en el que nos movemos probablemente motive este tipo de cosas, porque no es que estemos en el FBI precisamente).

    Resumiendo: mi opinión personal es que si el grupo de personas son responsables, y saben, aplicando el sentido común, cómo gestionar su trabajo con la música, me parece muy bien que puedan escucharla, pero siempre de manera individual. En determinadas tareas (en las creativas sobre todo) creo que de hecho ayuda mucho al individuo. Pero como decís, esto va en cuestión de gustos. Lo importante, creo, es eso, no imponer la música a nadie, y dar la libertad de que cada cual la escuche si quiere, siempre que eso no vaya en detrimento de su actividad.

    ¡Saludos!

    1. No entiendo eso de que es poco profesional tener cascos y que te tengan que llamar más de 4 veces…

      No sé, a mí me parece normal que si llevas cascos puestos, no oigas lo que pasa fuera, y se tenga que avisar moviendo las manos (me pasa constantemente, tanto para que me avisen, como para avisar a los demás) Digo yo que depende del tipo de trabajo, pero yo trabajo con un ordenador y es de lo más normal “enfrascarse” y no estar pendiente del “mundo exterior”

  3. A mi también me parece que lo importante es la productividad. Si la música ayuda al trabajador y no perjudica al entorno, por mi fantástico.

    Ahora toca la reflexión paralela: “¿Escuchabas música mientras estudiabas?” Yo lo hacía -casi ni me enteraba de ella, pero me gustaba- pero recuerdo haber recibido muchas críticas por ello de mis padres :/

    1. Oye, qué buena pregunta…
      Pues yo para hacer deberes del tipo de ejercicios sí que me ponía a veces música, pero para empollar necesitaba silencio; de hecho me ponía tapones para los oídos y todo.
      ¡Un abrazo!

      1. Folks · ·

        Yo depende del día, pero el nivel de ruido de la música suele ir acorde al nivel de abstracción y “novedad” de la tarea.
        El silencio absoluto me pone nervioso al cabo de unos minutos, máximo una hora y algo.

      2. Nacho · ·

        Yo igual, silencio absoluto para poder estudiar, aunque lo de los tapones lo intentaba nunca conseguía que se quedaran quietos y opté por dejarlos.

  4. Es un tema de debate continuo, sobre si la música aumenta o no la productividad.

    Nosotros en el trabajo usamos auriculares constantemente porque hablamos mucho por Skype con clientes y equipos desplazados en cliente, así que nunca se ha visto como algo de mala educación hacia los compañeros (más bien al contrario, molesta más cuando no usas los auriculares).

    Personalmente, uso música algunas veces cuando necesito una gran concentración (por ejemplo, cuando me toca programar alguna cosa o preparar alguna propuesta). Eso sí, suelo escuchar música tranquila y, normalmente, instrumental porque las voces suelen distraerme con facilidad, especialmente si conozco la letra. Así que me pongo alguna radio de jazz o chill-out en Last.fm o Spotify, y normalmente no conozco las canciones lo que me ayuda a concentrarme.

    Por cierto, que lei hace tiempo que los introvertidos suelen ser quienes más huyen de la música, porque su capacidad de concentración y su productividad se ven mermadas ya que la música les distrae, a diferencia de los extrovertidos que usan la música como elemento motivador. Quizá por ahí vayan los gustos.

  5. El trabajo físico con música y para el trabajo intelectual, o simplemente leer, necesito el máximo de silencio.

  6. Nacho · · Responder

    Cuando decimos que la gente se pone música, y “escucha” música mientras trabaja la realidad es que la música suena, pero si etás concentrado realmente no la escuchas (tu mente está concentrada en otra tarea). No creo que puedas estar tatareando una canción y a la vez elaborando una propuesta para un cliente o resolviendo un problema complejo de ingenieria (no me lo creo). Otra cosa distinta es hacer tareas repetitivas que no requieren “pensar” sino ejecutar, en tal caso lo considero adecuado e incluso beneficioso. Como cada uno es distinto y no pretendo estar en posesión de la verdad, lo mejor es dejar cierta libertad a cada uno: personalmente prefiero que mi compañero tenga unos cascos puestos y escuche la música que quiera (sin tener que escucharla yo, es decir a un volumen que solo lo oiga él), y así respetar a los que como yo prefieren el silencio.

    1. Pues estamos en completa sintonía por lo que veo 🙂

  7. Yo, personalmente, soy incapaz. Me distrae, me hipnotiza. No me permite centrarme en lo que hago vaya.

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