Elogio a las secretarias

Leí anoche un tuit que comenzaba “seré una simple secretaria pero…” y se me encendió una lucecita de alarma. Porque el trabajo de secretaria no es un trabajo simple. Ni mucho menos. Así que me propuse escribir una reivindicación de su figura.

Una secretaria que sea digna de tal consideración tiene que conjugar dotes de organización, memoria, eficiencia, sutileza, tacto, mano izquierda, discreción, empatía… Y capacidad de mando, tanto para ejecutar las órdenes de las que es intermediaria como para manejar más o menos abiertamente a la(s) persona(s) a la(s) que apoya. Se requiere un conjunto de aptitudes que mucha gente sencillamente no tiene. Y que tampoco es que se puedan aprender estudiando. Ni siquiera adquirir meramente a base de práctica. Son auténticos talentos que se pueden despertar, fortalecer y reforzar, pero yo les veo un punto de innato en ellos.

secretaria

Habrá incluso quien considere sexista el que hablemos de secretaria en femenino, pero tal y como yo lo veo, basta leer los atributos que he mencionado en el párrafo anterior para concluir que no es sexismo sino realismo y franqueza considerar que en términos generales es más frecuente encontrar mujeres excelentes en los mismos que hombres, ya que son habilidades en las que hay una fortaleza del sexo femenino, por las conocidas diferencias entre el cerebro masculino y el femenino.

De hecho conozco un buen número de casos de directivos de éxito que han cambiado de empresa y una de las primeras condiciones que han puesto ha sido fichar a su secretaria anterior, porque sencillamente la consideran un apéndice de sí mismos a nivel profesional, sin el cual su rendimiento se resiente notablemente. Las secretarias desempeñan una labor tan silenciosa como imprescindible (por no decir que hacen “el trabajo sucio” aunque en gran medida es así).

Y a pesar de esta realidad, y que cualquiera que viva el mundo de la empresa o de cualquier otra organización estoy seguro de que me dará la razón (salvo, claro está, que no haya tenido aún la suerte de conocer a una verdadera secretaria con todos los galones), hemos de reconocer que nuestra sociedad actual no sabe valorar suficientemente su importancia. Cualquiera diría que el secretariado es una categoría de nivel inferior. Una mujer presumirá de ser ingeniera, programadora, contable, auditora. Pero no tanto de ser secretaria.

Y en realidad, ¡qué injusticia se está cometiendo! Es algo que pasa mucho. Estos trabajos para los que no hace falta una carrera universitaria de 5-6 años parece que son de rango inferior. Yo creo que hay un punto de corporativismo entre los que como yo hemos estudiado educación superior, cuando en realidad muchos -por no decir la mayoría- no serviríamos para esos perfiles profesionales que tratamos con complejo de superioridad.

Un caso parecido a lo que puede ocurrir, por ejemplo, con un soldador en una empresa de fabricación industrial como la mía. Como a menudo es un tipo sin formación y sin requisitos de cultura, y trabaja a pie de taller, se le considera un obrero. Luego resulta que en realidad el valor añadido que aporta a la empresa está al nivel de los mejores ingenieros, y de hecho económicamente supera a la mayoría del personal de oficina.

En un entorno empresarial más justo y transparente donde a cada persona como recurso humano se le valora (y remunera) realmente por lo que verdaderamente aporta a la organización, estoy convencido de que las secretarias estarían en niveles de prestigio (y salario) mucho más cercanos a los de los directivos y mandos intermedios a los que apoyan y sobre cuya productividad ejercen un efecto multiplicador.

Sin embargo esto no es así, o incluso ocurre otra cosa, que es que una excelente secretaria que despunta en su trabajo promociona a otro puesto mejor considerado, ya sea por iniciativa personal o como reconocimiento por sus méritos, pese a que en el camino podemos estar perdiendo un importante activo en un puesto mucho más crítico de lo que puede parecer.

Así que no dejemos que “una simple secretaria” sea una frase hecha que escuchemos con naturalidad. Y si alguno de los que me leéis tenéis una a vuestro cargo o una compañera en esa labor, qué mejor momento que estas fechas navideñas para tener un gesto de reconocimiento. Seguro que os lo agradecen.

3 comentarios

  1. Gracias por la referencia a mi blog, caballero. Me alegra que me relaciones con la “transparencia” porque es algo en lo que creo fervientemente🙂

    Efectivamente, creo que aciertas dando a ese puesto la importancia que merece (y que muchas veces no ha sido reconocida ni económicamente ni como trabajo clave). Son capaces de coordinar todo para evitar imprevistos, resuelven conflictos continuamente, remiendan los errores de sus superiores, gestionan la información más vital de la compañía sin inmutarse… A menudo demuestran unas competencias mucho mayores que las de sus superiores. En fin, realizan un buen número de importantes funciones y las organizaciones parecen haberse dado cuenta de su trascendencia. Van incluso más allá de asistentes personales.

    En relación al tema del sexismo, discrepo en parte. Podemos hablar de sexismo benévolo, pero es sexismo. Creo que aunque pueda haber diferencias cerebrales que apoyen el argumento, deberíamos ver con mayor naturalidad a hombres en esas posiciones, igual que a mujeres en puestos directivos. El resto son estereotipos construidos desde un prisma interpretador masculino. Fíjate si el lenguaje es sexista que “secretaria” lo asociamos a una mujer que se dedica a estas tareas como asistente de un superior, mientras “secretario” suele ser un hombre que desempeña un alto cargo en alguna organización… Otra cosa es que ni tú ni yo nos veamos en ese puesto, porque seríamos incapaces de llevar ese trabajo de manera adecuada.🙂

  2. Jorge Gómez · · Responder

    Me ha gustado mucho el post (que raro, verdad?)

    Es curioso lo que comentas del “Habrá incluso quien considere sexista el que hablemos de secretaria en femenino”, y voy a abrir la discusión por otro lado: por qué las secretarias son las que llas que levantan el país todos los días, pero luego resulta que cuando el cargo es “importante” pasa a llamarse Secretario (ej hay Secretario de Estado, Secretario General de las Naciones Unidas, o Secretario del Papa).

    Lo mismo ocurre con la cocina: seguro que os suenan chefs como Arguiñano, Arzak, Adriá o Paul Bocuse. Pero, dónde están las cocineras? Nadie rompe una lanza por ellas…

  3. Paula Cid · · Responder

    Efectivamente la figura de la secretaria es fundamental; si el responsable de su contratación es consciente de ello, buscará una profesional con las cualidades que describes.

    Lamentablemente, en muchos casos, no prima la profesionalidad o el contratante no considera su papel fundamental en la organización y se rige por otros criterios, que no vienen al caso, y acaban progresando en las empresas secretarias que no dominan el inglés, no dominan el español, no saben escribir a ordenador (aunque insistan que usando dos dedos lo hacen a gran velocidad) o no saben resolver conflictos. En estos casos, suelen compensar parte de las carencias prodigándose en alabanzas bien distribuidas y simpatía a raudales; lo terrible es que el destinatario es sensible a ellas y acaba desapareciendo la meritocracia en las organizaciones. Si no os habéis topado con este caso, sois afortunados.

    Ser secretaria es una profesión y se precisa algo más que don de gentes y buena presencia.

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