La historia se repite ¿o sólo nos lo parece?

He estado leyendo durante las últimas semanas el excelente «Lords of Finance» de Liaquat Ahamed, que os recomiendo de manera entusiasta porque es un vibrante relato histórico de gran relevancia por lo que cuenta -no limitándose por cierto a la Gran Depresión como parecería por la cubierta sino que se remonta con gran acierto a los años previos a la I Guerra Mundial- con una redacción amena y accesible incluso para quien no domine su temática económica.

A lo largo de la narrativa, hay numerosos momentos en los que resulta inevitable observar analogías con la situación actual: el optimismo ciego de los años previos al estallido de la I Guerra Mundial, la escalada de endeudamiento imposible de pagar que luego genera traumas económicos insuperables, los impactos de las valoraciones forzadas de las divisas en la evolución diferencial de las economías de los países, los círculos viciosos y las espirales contractivas de esas economías que tratan de superar las situaciones de exceso de déficit y deuda, la obsesión de los líderes económicos en salvaguardar el patrón oro a costa de todos los males que ello implica…

De hecho hay algunos momentos del libro que resultan muy ilustrativos de cuestiones económicas de máxima actualidad. Por un lado, al hilo de las expansiones monetarias que se desencadenan en todos los países a consecuencia de la financiación de la guerra, se nos muestra una correlación muy directa entre esas multiplicaciones de la masa monetaria y la evolución de la inflación.lo que apoyaría la teoría de que una expansión monetaria no es sino un truco del Gobierno para devaluar las deudas contraídas, pero no deja de ser un impuesto silencioso que merma el poder adquisitivo de los habitantes.

Por otro lado, resulta turbador plantearse si el equivalente contemporáneo de ese patrón oro en cuya obsesión por mantenerse se obcecan los máximos mandatarios económicos que protagonizan el libro, no es sino el euro que hoy en día muy pocos quieren plantearse abandonar, pero que igual que el patrón oro limita enormemente las posibilidades de la política económica de sus estados miembros y perpetúa unos tipos de cambio que no se corresponden con las evoluciones diferentes de la inflación de los estados miembros, su competitividad, productividad, etc. Al fin y al cabo, es fácil argumentar que el tipo de cambio de entrada del marco alemán en el euro estaba devaluado por la coyuntura de los años previos a su establecimiento -la reunificación alemana, la crisis que ello conllevó y la devaluación interna que asumieron los ciudadanos alemanes- y es esa una de las semillas de los desequilibrios que ahora son más que patentes.

Ahora bien, ante estas reflexiones que le llevan a uno a pensar apesadumbrado que cómo es posible que la historia se repita de manera tan cruel, me cabe la duda de si acaso nos estamos engañando de alguna manera a nosotros mismos buscando analogías del pasado con el presente, y no al revés. En otras palabras, ¿no estaremos reinterpretando el pasado y reenfocando su relato de manera que nos cuadre con lo que vivimos en el presente?

Se suele decir, y me temo que es muy cierto, que la historia la cuentan los vencedores. Aquí sería algo parecido. Contamos una historia pasada con la luz de la actualidad, enfatizando aspectos que quizá pasaron desapercibidos en el momento de ocurrir, y difuminando otros que acaso resultaron más relevantes para los coetáneos de los hechos.

En cualquier caso, creo que es fundamental estudiar la historia porque donde sospecho que es muy válido analizar problemas para evitar tropezar en la misma piedra es en todo lo relativo a la psicología de las masas. Por ejemplo, toda la exuberancia de la burbuja bursátil previa al crack del 29, que se veía venir por tantos expertos pero que aún así no hubo manera de reprimir. Es un puro proceso de irracionalidad de la masa que sí que veo sistemáticamente reproducible porque no es sino el reflejo de la naturaleza humana.

Por último comentar que lo que me genera más desasosiego es pensar que toda una generación de expertos económicos muy cultos, preparados y experimentados, y sin que se perciba una malignidad en el sentido de ansias de enriquecimiento personal o corrupción -quizá sí la ceguera del poder y la influencia, el tener razón a costa de todo y no admitir el fracaso de las ideas propias-, fueron incapaces de evitar un cúmulo de desequilibrios que trajeron consigo tanta penuria y reducción de la calidad de vida de millones de personas. Lo mismo que parece ocurrir ahora, salvo que cada vez tenemos más dudas sobre la honorabilidad y los sanos motivos de nuestros líderes. En otras palabras, si parece que hemos ido a peor, ¿qué esperanza nos queda de encontrar a un líder que sepa dirigir el barco hasta buen puerto?

One comment

  1. patriciaensaturno · · Responder

    Creo como tu que entender la historia puede ayudar a a afrontar y resolver muchos problemas económicos y sociales. Interesante reflexión, añadiré el libro a mi lista para 2013

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: