Por qué me siento viejo

No me siento viejo por estar ya quemando el último cartucho de la treintena. Me gusta bromear con el tema (aunque en toda broma hay algo de verdad) pero en realidad no me siento “mayor” por eso.

Este año cumpliré 20 años desde que empecé a trabajar; primero de manera discontinua compaginando con mis estudios universitarios y luego de forma permanente. Y el mundo ha cambiado una barbaridad en este tiempo.

En lo profesional lo ha hecho para peor, francamente. Cuando empecé, mi cliente típico (las empresas de ingeniería industrial en el mundo de la energía y la petroquímica) era mi maestro. Había toda una generación de profesionales muy experimentados, que se habían formado entre los años 60 y los primeros 80 con el fuerte desarrollo de la industria nacional. Se trabajaba sin prisa pero sin pausa, con un alto criterio técnico, y con un gusto por el trabajo bien hecho. Las relaciones tenían una gran faceta humana. Costaba crear y desarrollar relaciones, pero una vez consolidadas había vínculos fuertes e imperaba el quid pro quo. La palabra era la palabra.

Ahora desafortunadamente toda esa generación ha desaparecido de la circulación. Algunos jubilados y otros prejubilados. Y el problema es que no ha habido un relevo generacional. El típico fenómeno de una industria entera que se desarrolla muy rápidamente durante una época concreta, y luego entra en una meseta de actividad que no daba pie a mayor desarrollo. Pero es que el salto generacional ha sido tan brusco que hay un déficit de experiencia y conocimiento práctico bastante importante. Y no termino de ver planes de formación; se ficha a la gente, se les pone a trabajar y es un “búscate la vida” o un “sálvese quien pueda“, según cómo lo mires.

Pero no sólo eso. La actual dinámica no premia tanto la dedicación, la constancia y la calidad. Ahora se impone la temporalidad, la rotación de recursos humanos, los contratos de obra, los task force. Falta continuidad no sólo de personas sino sobre todo de equipos. Porque en negocios como el de la ingeniería es fundamental consolidar grupos conjuntados de profesionales que crecen juntos y entran en dinámicas de sinergia y simbiosis.

Falta identidad de empresa, sentido de pertenencia. Los profesionales no sienten que puedan contar con su empresa, que se deshará de ellos en el instante en que no les necesite de forma inmediata, y tampoco se implican todo lo que uno veía que se implicaban los ingenieros de antaño. Siempre hay gente que da lo mejor de sí mismos, pero ahora lo veo menos que antes.

La presión económica es brutal. Ya lo comenté en mi post sobre los economistas y los ingenieros así que tampoco quiero repetirme, pero hoy prima demasiado el precio frente a las prestaciones. Antes quizá podría objetarse que era demasiado al contrario, y no se era todo lo eficiente que habría sido deseable, pero también es verdad que los diseños de antaño eran a prueba de bombas y esto ahora ya no está tan claro. En el mundillo se dice mucho que “el acero lo aguanta todo“. A mí me da que el acero de antes aguantaba más que el de ahora, y no es una cuestión de un empeoramiento de las propiedades físicas de los materiales. Es que antes se trabajaba con más cuidado y más prudencia y ahora se apura, apura y apura. Hasta que pase algo.

Y ojo con la presión en tiempos. Lo que antes se hacía en 36 meses, luego se pasó a hacer en 24 y ahora se recorta a 18 meses o menos. Ciertamente se ha ganado muchísimo en cuanto a herramientas de productividad. Yo he conocido los tiempos en los que los documentos se mecanografiaban a máquina, con copias en papel de calco de carbón, y los planos se dibujaban en mesa, con rotring y en papel vegetal; las comunicaciones se enviaban por telex y luego fax; de las plantas se construían maquetas físicas y había un departamento para ello (y los ingenieros iban materialmente a la maqueta a tomar medidas para detectar interferencias); los equipos de trabajo tenían que estar geográficamente próximos… Es indudable que el mundo actual permite una ganancia gigantesca de tiempos. Pero también podrá atestiguar cualquiera que haya vivido las dos últimas décadas de trabajo que hoy en día se corre mucho más de la cuenta. Las prisas terminan pasando factura: a la salud de las personas y a la calidad de sus trabajos.

¿Y qué pasa con la ética? ¿Con la responsabilidad? Pues las palabras hoy se las lleva el viento. Lo que no quede por escrito no tiene ningún valor. Cuando se comenten errores, es tal el miedo por sufrir represalias laborales, y está tan arraigada la cultura del éxito a cualquier precio de la que tan acertadamente hablaba el amigo bloguero @DerBlaueMond, que más que pensar en las soluciones parece que todo el mundo jugara a tirar balones fuera. La dinámica no es todo lo constructiva que sería deseable. Rara avis son los que asumen con plena integridad y entereza sus responsabilidades.

¿El componente humano? El justo. Junto con la mecanización y automatización de procesos, incorporando más y más capas informáticas, se entra en la intencionada despersonalización del negocio. Se elimina la discrecionalidad humana para evitar fenómenos de corrupción, amiguismo, favoritismo, en aras de objetivizar y optimizar factores económicos. Pero al mismo tiempo se rompen esos vínculos que en un momento dado servían para conseguir que ante las dificultades todos remaran juntos, clientes y proveedores. Si tú sabes que quien te va a comprar va a ser un sistema informático, no es fácil que tengas la total disponibilidad que había antes cuando tu cliente de toda la vida te llamaba para pedir un favor.

Así que sí… Me siento un poco “mayor” y un mucho desencantado con el estado actual de los negocios.

Claro que sin embargo en otras facetas me parece fascinante el mundo actual, y noto el salto generacional pero más en positivo. Me fascina el infinito mundo de posibilidades que hoy tiene ante sí cualquier joven. El acceso a la cultura es hoy más fácil que nunca. Aunque a veces echo de menos esa magia del coleccionismo analógico, es una maravilla pensar que cualquiera puede en la actualidad encontrar la música, literatura, cine o series que más se ajustan a sus gustos. La disponibilidad es máxima y gracias a las redes sociales es muy fácil que pueda uno encontrar el nicho exacto en el que encaja.

Y qué decir del cambio que significan las redes sociales a la hora de conocer gente distante en lo físico o social pero muy cercana en espíritu y pensamiento. Siempre que uno tenga criterio y sea abierto de miras, el mundo de hoy en día es de una apertura muy enriquecedora. Hay que saber gestionarlo, por supuesto, y para esto me alegro de la madurez que proporcionan los años. Pero me habría gustado que toda esta realidad actual estuviera disponible un par de décadas antes. Habría sido apasionante para aquel chaval un poco descolocado por los pocos amigos que compartían sus gustos que era yo hace veinte años.

En realidad quizá lo que más viejo me hace sentir es el hecho de ser padre y ver que mis niñas me miran a mí con la misma adoración y fe ciega con la que yo miraba a mis padres treinta años atrás, sabiendo sobre todo como sé que en realidad esa confianza plena es en gran medida inmerecida (el que sabía resolver casi cualquier problema era mi padre que ya no está…). Pero también es esta realidad la que más me hace reconciliarme con esta sensación de hacerme mayor. Suelo decir mucho que me gustaría volver a tener veinte años. Pero, ¿sabéis qué? En realidad no. Esa ilusión que tengo en esta etapa de mi vida por llegar a casa y recibir en mis brazos a mis niñas corriendo en mi encuentro es algo que no cambiaría por nada en el mundo. Y ojalá me dure mucho.

11 comentarios

  1. Jose Luis Gomez Azpicueta · · Responder

    Que gran suerte poder leer y escuchar a gente como tú Daniel ; Afortunadamente para ti todavía no eres “mayor”, yo diría que incluso “eres demasiado joven para ser tan sabio” ;Yo ingeniero ya retirado con 44 años trabajados en esa querida industria (desde1965.. ) suscribo todos y cada uno de los problemas y situaciones que tan bien describes, demuestras tener una gran experiencia vivida y adquirida desde dentro.. y además posees una gran facilidad para exponerlo todo de una forma ágil y amena, ¡Enhorabuena!, ya me gustaría a mi que algún Ministro de Industria te leyera y te hiciese su Asesor…seguro que la industria española saldría de ese declive en el que está cayendo desde hace varios años…

    1. Buff, gracias Jose Luis. Qué honor de comentario viniendo de alguien como tú y con tu trayectoria. [Para los que no lo sepan, estamos hablando de uno de los privilegiados que vivieron el desarrollo de la alta velocidad en España desde sus inicios].

  2. Estimado Daniel, antes de nada, gracias por tu mención. Con el post del cloud como revolución tecnológica para las Pymes, ya me demostraste tus dotes de rápido análisis, y cómo algo que se me pasó por alto, lo detectaste rápidamente. Ahora, tu comentario vuelve a ser oportuno y certero, pero en esta ocasión es algo que estuve rumiando y que simplemente, con las prisas y el poco tiempo de que dispongo, se me olvidó incluir en la versión final de mi post. La reflexión y el comentario era exactamente el mismo que tú tan oportunamente has hecho. Me sorprende y me halaga que coincidamos en reflexiones sin ni siquiera tener conocimiento de ello previamente… :)))
    Y enhorabuena por el post, tiene un componente socioeconómico y un toque personal y humano que ya sabes que me gustan mucho.

    1. Muchas gracias, amigo. Qué bueno que tengamos esa conexión y simbiosis. Son las mejores dinámicas que se pueden dar en la blogosfera, con los diferentes autores enriqueciéndose los unos a los otros. ¡Que perdure!

  3. Daniel, comparto mucho de lo que dices en este texto tan cuidado. Sobre todo el último párrafo de caracter más personal con esa carrera de abrazos al llegar a casa….pero a mi esas carreras son lo que me hace sentir mas joven aún, mas fuerte y con más ganas de cuidar en lo personal y lo profesional, aquellas relaciones, “modus operandi” y colecciones “analógicas” de las que hablas. Un buen vino, una catedral, incluso una planta necesita su tiempo para crecer y llegar a sus máximas posibilidades. Al leerte me he acordado de Leopoldo Abadía, cuando dice que no nos preocupemos por el mundo que dejamos a nuestros hijos, sino más bien por los hijos (hombres y mujeres) que le vamos a dejar al mundo. Un abrazo y felicidades por la nueva paternidad.
    Fernando

    1. Muchas gracias, Fernando. Enhorabuena por tu creciente éxito y un fuerte abrazo.

  4. Como de costumbre, da gusto leerte. A veces no es muy fácil encontrar gente que tenga tanto que decir, y que al mismo tiempo, conserve ese halo de humildad y sencillez que, cada vez más, veo que te caracteriza. Aprendo muchísimo leyéndote, ya sea con los textos más técnicos como con los más personales (que, sinceramente, siempre me despiertan una sonrisa).

    Estoy muy de acuerdo con que todo ha cambiado mucho. Yo, con algunos años menos (28), y en perpetuo contacto con niños y adolescentes, noto una barbaridad el salto generacional. Es verdad que hay millones de recursos, y un acceso increíble a todo lo que se quiera. ¡Pero el caso es querer! Sin duda me quedo también con la facilidad que dan las redes sociales para compartir puntos de vista, conocer gente la mar de interesante, y notar que uno no está solo en determinados modos de ver el mundo, aficiones y gustos. ¡Y lo que todo esto enriquece como persona!

    Lo dicho. Enhorabuena por ser como eres, un hombre responsable, inteligente y todo un padrazo.

    ¡Saludos!

    1. Muchas gracias, amigo. Me has sacado una sonrisa de oreja a oreja. Un buen regalo de cumpleaños tu comentario. Nos seguimos leyendo en TW. ¡Un abrazo!

  5. Nacho · · Responder

    Hoy Felicitaciones dobles: cumple y post.

    Te entiendo y comparto la mayoria, si no todas, las reflexiones. Desde mi punto de vista, el factor humano, siendo precisamente de lo que mas se carece en estos momentos en los que el precio prima, es parte del valor añadido que intento aportar a mis clientes.

    Un abrazo.

    1. Gracias, Nacho. ¡Tú eres de los míos!

  6. […] que, en línea de cómo terminé mi post “Por qué me siento viejo“, y si bien reconozco que soy el primero en adorar el ejercicio nostálgico -por eso, por […]

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