Sin vergüenza de ser un papá orgulloso

Aviso -si el título del post no es suficiente advertencia- de que este post no es apto para diabéticos. Ni para esos gruñones que despotrican de los niños y me ponen mala cara en los aviones o en restaurantes por ser familia numerosa. Claro que a estos últimos les digo que: 1) no me lo termino de creer; será más bien un mecanismo de defensa; 2) si va en serio, me dais un poco de penita y 3) suerte que tenéis de que vuestros padres no eran de la misma opinión que vosotros; mala suerte para nosotros.

Umm… Un arranque de post un poco agresivo. Perdonad 😉

A lo que iba. Hoy he ido al médico con mi hija mediana –nada grave, gracias-, y estaba encantado de verla desenvolverse con enorme simpatía y total serenidad en la consulta del médico y durante unas pruebas. Ya me había dado ella misma una lección hace unos meses cuando tras un susto gordo le decidieron hacer un TAC por prudencia -afortunadamente sin detectarse problema alguno- y ella entró y salió tan contenta de la esa sala presidida por la intimidante señal de radiación; ella divertida ante la experiencia y ansionsa por explicármela, y todos los médicos maravillados con ella. O cuando se pegó un tajo en una piscina y le tuvieron que dar unos cuantos puntos, y la niña no lloró en ningún momento, para sorpresa de las enfermeras. Yo desde luego siento pánico ante la mera noción de meterme en un tubo de esos o de ver cómo me cosen, así que, francamente, me produce un gran orgullo el comportamiento de mi hija.

Lo tuiteé y un apreciado seguidor me hizo un certero comentario:

Y es que como es sabiduría popular, los hijos te dan las mayores alegrías y los peores digustos de la vida. Es así. Hoy tocaba día de alegrías. Y es que el orgullo que uno siente por un hijo es una emoción que no sirve de nada que te la expliquen. Tienes que vivirla. Es embriagadora. Te llena por dentro como no lo hace una satisfacción laboral o un éxito personal. Los padres y madres que me estéis leyendo me comprendéis. El éxito de un hijo se disfruta al cuadrado.

Me ha hecho gracia leer precisamente hoy, cuando estaba dándole vueltas en la cabeza a estas cuestiones, a un tuitero tan profesional y sobrio como @javipas en un par de momentos “padre orgulloso” de libro:

Pues eso. Es un topicazo pero como antes, es inevitable: tus hijos te parecen guapísimos. Yo la verdad es que no he tenido nunca reparos en reconocer que alguna de mis hijas al poco de nacer no es que fueran bellezas (culpa de mis genes, porque tengo una foto de recién nacido que doy miedo, y de hecho  al JPEG le puse al escanear la foto el apropiado nombre de “papá feo”), pero cada día me parecen más maravillosas. Normal. Condicionamiento genético, biológico, cultural y de todo tipo. Instinto paternal. Como le quieras llamar, que yo de estas cosas tampoco sé.

Y más coincidencias: publiqué en mi perfil de Facebook una foto con mi hija pequeña zascandileando, y mi amiga Ellen James me comentaba que “es comestible tu peque“. Un comentario que me encanta, porque me rememora una anécdota que suelo contar sobre la experiencia de ser padre primerizo. Antes de tener a la primera niña, me leí varios libros preparatorios. Siempre recomiendo los “What to expect…” de toda la vida, pero también, enfocado al componente masculino de la pareja, el “The Expectant Father” de Armin A. Brott. Un libro muy divertido y práctico al mismo tiempo, con mucho sentido del humor pero consejos útiles. En él, el autor explicaba que con su primer bebé se sorprendió a sí mismo sintiendo impulso primario y casi irrefrenable de comérselo en su sentido más literal. Me pareció algo muy peculiar, pero la pura realidad es que con los tres bebés que he tenido, me ha pasado exactamente eso: les estás cambiando el pañal o la ropita, ves esa piel rosada, esos michelines blanditos… Y te entran unas ganas tremendas de darles un bocado. Algún mordisquito leve he dado, lo reconozco.

Ah… Y el olor a bebé. Es algo que añoro. Se suele hablar del Chanel nº5, fragancia de rosas, olor a coche nuevo… ¡paparruchas! Nada como el olor a bebé. Qué pena que no dure para siempre. Y qué bueno que dentro de muy poquito lo volveré a disfrutar.

Así que me vais a perdonar, pero en días como hoy me gusta recrearme en estas alegrías que te da la vida. Aunque como me decía el buen amigo @rdudda, “si sigues subiendo cosas de tus crías voy a desarrollar un preocupante y prematuro sentimiento paterno xDDDD“. Claro que, viendo el preocupante panorama de la pirámide poblacional y el difícil reto que esto representa de cara a la sostenibilidad del sistema de pensiones públicas (véase este magnífico post de Sintetia al respecto), me habría ganado una medalla al mérito ciudadano si un post así anima a alguien a ampliar la familia 😉

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11 comentarios

  1. Qué razón tienes en todo. Como en tu caso, hoy ha sido un día de alegrías, y he tenido un momento de debilidad tuitera 🙂 Un abrazo y felicidades por disfrutar tanto de tus niñas (y por lo que sé, por lo que ellas disfrutan de vosotros).

    1. Gracias, amigo. No me cabe ninguna duda de que vosotros compartís esa alegría con los peques y ellos tienen mucha suerte con sus padres.

  2. Nacho · · Responder

    ¡Para nada empalagoso! Me siento identificado, aunque muchas veces me corto cuando hablo de mis niñas (mis princesas), por no parecer pesado.
    Hoy precisamente lo comentaba comiendo con un cliente (justo en el japonés que hay al lado de donde un joyero tiroteo a unos ladrones hace un par de días, por cierto): después de un día de trabajo (duro), habiéndote levantado a las 6:00 am y llegando a casa a las 20:00, te sube la moral ver como tus niñas salen corriendo por el pasillo con los brazos abiertos a darte besos y abrazos. La sonrisa que traen … el sentimiento que te produce y como reconforta no se puede explicar con palabras: hay que vivirlo.

    1. Exacto, Nacho. Son esos detalles que te lo compensan todo.

  3. Es que subes fotos de sus logros y ni el mejor meme de gatitos. Uno no es de piedra xD

  4. Yo, que soy la madre de la Pantoja, te aseguro que entiendo y aplaudo los post sobre nuestra prole.
    Me considero una madre que se ha dedicado en cuerpo y alma mientras su hija se lo ha permitido.
    Pasada cierta edad (mi bebé ya tiene 16 añitos), no puedes mas que mantenerte en segundo plano…llega un momento en el que dejas de ser lo mas importante, y hay que aceptarlo.
    Así que disfruta y babea con tus niñas (en breve seguro que tenemos que ponerlo en masculino, que el cuarto ya verás que es chico XD) porque ese tiempo pasa volando y cuando te quieres dar cuenta, te has convertido en el actor secundario Bob.
    Pero volverá, y tanto que volverá…jejejejejeee
    Un abrazo Daniel.

    1. Gracias, gracias. Un abrazo.

  5. A mi me pasa más o menos lo mismo que a Nacho, suelo trabajar en casa y los dias que salgo siempre esta preguntando a Mama que cuando vuelvo y cuando vuelo lo deja todo para salir a buscarme a la entrada.

    Y luego cuando te sueltan alguna frase de esas que derriten el cerebro y piensas ” Eres mi hijo o un monologuista del club de la comedia”

    Bueno voy a secarme las babas

  6. […] releyendo “The Expectant Father“, del que ya hablé en un post anterior, y me encontré con un pasaje que precisamente comentaba en aquel entonces y que me hace mucha […]

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