Un pote asturiano

Ayer estuve de viaje en Asturias y he querido poner en escrito una serie de reflexiones, quedándome la sensación de que ha resultado un texto sustancioso pero también denso, al estilo del pote asturiano que disfruté en la comida. Espero que no se os haga difícil la digestión de lo que sigue. El que avisa no es traidor.

El viaje fue enormemente satisfactorio en lo personal, porque tuve ocasión de “desvirtualizar” a tres personas que me dejaron una huella más que positiva: Pedro Herrero (@aparachiqui) y Ramón Mateos (@ramonmateoes) que trabajan para UPyD en el parlamento asturiano, y Javier García (@javiCIES) de Sintetia. Con los dos primeros tuve una apasionante conversación que se me hizo cortísima sobre política, incentivos, preferencias de los ciudadanos y cómo narices se arregla esto (complicadísimo). Me quedé muy impresionado por el nivel de ambos no sólo de conocimiento, sino sobre todo de apertura de miras. Confiemos en que sigan así y la edad no les corrompa ni les haga más cínicos.

Con Javier estuve intercambiando impresiones sobre el estado de la economía nacional y asturiana. Fue también una charla que se hizo breve y que debemos retomar, y francamente uno sale un poco preocupado por diversas cuestiones. Lo ya sabido: en la época de vacas gordas se gestionó mal la abundancia, y ahora que vienen mal dadas no estamos suficientemente equipados para la crisis. Súmale el que están cayendo empresas potentes y eso no lo sustituyen los “emprendedores” (concepto demasiado etéreo y del que se abusa en exceso). Decía Javier con toda la razón que una vez que una empresa cierra y se destruyen 400 puestos de trabajo, ¿cómo se va a compensar? ¿Con 400 emprendedores? Qué va…

En Asturias he perdido a varios de mis clientes que han ido cerrando en los últimos años. Estaba haciendo un repaso con uno de los que quedan en pie, y finalmente llegábamos a la conclusión de denominadores comunes entre los que han cerrado:

  • son empresas que crecieron a toda marcha en la época de bonanza 
  • a menudo eran de nueva creación promovidas por personas de otras firmas consolidadas que se marchaban a fundar su propia compañía o que contrataban a golpe de talonario a los mejores profesionales de sus competidores
  • se veía mucho cochazo entre los directivos y empleados de máximo nivel
  • instalaciones de súper lujo
  • todo financiado con un apalancamiento brutal (en otras palabras, a base de deuda)

Está claro que todo lo anterior ya pone sobre aviso. ¿Quiénes están sobreviviendo a la crisis? Pues en primer lugar, los que no se habían endeudado en exceso ni tenían unas cargas salariales o unos ritmos de vida de sus directivos que eran insostenibles pasado el boom.

En segundo lugar, algo que ya sabéis todos: ante el desplome o práctica desaparición del mercado interior, siguen vivos los que están exportando, ya sea de manera directa (buscando clientes en el exterior) o indirecta (yendo de la mano de otros clientes que son los que han conseguido esos clientes exteriores).

Y el tercer elemento, algo que me interesa mucho porque es uno de esos constantes de mi filosofía: son empresas que han sabido decir que no. En estos primeros años de crisis, todavía ha habido una serie de proyectos en España, pero la competencia ha sido leonina y el cliente ha sabido aprovechar la coyuntura para estrujar al máximo en las negociaciones. Muchos iban con la mentalidad de “conseguir el pedido cueste lo que cueste” y el “no podemos permitirnos el lujo de perder este trabajo“. Y resulta que esas operaciones sin margen y contratadas en precario luego les han llevado a la ruina. Primero porque cuando uno negocia y hace sus cuentas del margen que le queda tiene cierta tendencia a pecar de optimista y hacer números como si nunca fueran a ir las cosas mal. Pero luego algo se tuerce y empezamos con los números rojos. Y segundo porque el más mínimo impago de un cliente, o el mero retraso de pago, les ha puesto en una situación insostenible de flujo de cajas. Y ya hemos comentado que el banco te quita el paraguas del crédito, ese que te dio cuando hacía sol, al más mínimo nubarrón, con lo que todos aquellos temerarios se han visto finalmente abocados al cierre.

Así que me permito recordar esta idea que no me canso de repetir: hay que saber renunciar a un mal negocio y no se puede trabajar gratis. Mejor redimensionarse y buscar un nicho de mercado que permita la sostenibilidad de la empresa.

Por último, me comentaban en una gran empresa, toda una referencia en la región, que han instalado unos talleres en China y una oficina de compras allí. Que como no tienen más remedio que competir con sus homólogos asiáticos, necesitan poder hacerlo con sus mismas armas. Es una verdadera lástima, porque aparte de los empleos que van deshaciendo por caída de su actividad local, caen numerosas pequeñas industrias auxiliares que iban de su mano. Y siempre me pregunto en esta tesitura –recordaréis mi post “Deslocalización y empleos“-: ¿Quién va a crear ahora empleo? ¿Para qué? Se destruye la cadena de valor y desaparece completamente una actividad con todas sus accesorias. Y me temo que es un viaje de sólo ida. Ya comentamos algunos rayos de esperanza con ciertos indicios de que el impulso de deslocalización se pueda estar frenando, pero al menos lo que yo detecté ayer está en la senda del creciente outsourcing hacia países del sudeste asiático.

¿Y qué hacer ante esto? Es un asunto complicadísimo y yo no tengo nada claro cuál es la solución. No creo en el proteccionismo puro y duro, pero como ya comentaba en “Mis conflictos con el made in China“, me frustra esa sensación de no competir en igualdad de condiciones. Me parece que hay muchas empresas a las que se les llena la boca con esto de la “Responsabilidad Social Corporativa” pero se están aprovechando de la laxitud de las normativas laborales y medioambientales en estos países a los que se marchan, y de la alegría con la que se conceden ciertas calificaciones de calidad de producto, medioambiental y de seguridad laboral que certifican empresas no de forma independiente sino que lo hacen bajo una relación contractual donde el auditado es el que paga, lo que es una perversión del sistema, como ya traté en “Calidad certificada, ¿de verdad?”.

Hoy, curiosamente, he estado en contacto con una empresa china de consultoría para el programa de energía nuclear, que se ha reactivado ya en aquel país, tras unos meses de parón a raíz del accidente de Fukushima. Me explicaban que las nuevas directivas de las autoridades chinas son forzar a los fabricantes locales a establecer acuerdos con fabricantes extranjeros de primera línea, como sería mi caso, para garantizarse que disponen de los equipamientos del mejor nivel de calidad y seguridad operativa posible. Pero –atención que aquí está el quid de la cuestión– en una modalidad en la que se garantice que al menos el 70% del producto instalado en esas nuevas centrales nucleares chinas sea de producción local china. Así que mientras que nosotros somos extremadamente permisivos en cuanto a la deslocalización, ellos están sabiendo importar know-how y promover el desarrollo de industrias de alto valor añadido.

No puedo dejar de acordarme del difunto abuelo de mi mujer, un americano veterano de la II Guerra Mundial en el frente asiático contra los japoneses, y que trabajaba de alto directivo en una empresa de montajes civiles, quien se indignaba ante estos fenómenos de desaparición de la industria americana en favor de las asiáticas. El discurso de los “sectores estratégicos” ha servido demasiado a menudo de coartada para apoyar a los amiguetes y enchufados, y sostener monopolios u oligopolios completamente ineficientes, a costa de unos servicios de mala calidad y unos precios desproporcionados que ha tenido que sufrir el consumidor y ha mermado la competitividad de toda la industria. Pero no puedo dejar de reflexionar sobre si no estaremos acaso cometiendo en occidente un gravísimo error a largo plazo al entregarnos de manera completamente desnuda al fenómeno de la deslocalización.  Es una reflexión incómoda y quizá hay que abrirse de mente y aceptar argumentos transversales, que se salen de los mandamientos que a ambos lados de los espectros políticos y económicos se dan por indiscutibles, citando algo de lo que hablábamos ayer Pedro, Ramón y yo.

2 comentarios

  1. Jose Luis Gomez Azpicueta · · Responder

    Daniel, totalmente de acuerdo, como ya hemos comentado anteriormente, estamos asistiendo impasibles al suicidio de Europa.. y esto no viene de ahora: veamos un ejemplo real de Cooperación Europea que viví muy de cerca hace ya más de veinte años cuando en mi Multinacional “europea” comenzamos las negociaciones para exportar los trenes TGV ; primero hacia España,y luego hacia Corea, y China , yo tuve la suerte de participar en ellos en mayor o menor medida; El primer pedido del AVE lo obtuvimos con ventajas muy notorias para ambas partes, con una transferencia de tecnología para España del 100%, que fue ejemplar y nada peligrosa, industrialmente hablando, porque todo se quedaba en fábricas propias y en casa., es decir en Europa.
    En Corea también logramos finalmente el pedido..¡ pero a que precio!!, después de mucho desgaste y aceptando unos márgenes muy bajos y lo que es aún peor : teniendo que aceptar algunas clausulas casi suicidas :Traspaso de Know How al 100% , licencias cedidas a fábricas coreanas y autorización de ventas a terceros!!, con lo que te estabas creando para el futuro un nuevo competidor, con tu propia tecnología y a precios asiáticos, o sea:el Hara Kiri completo !!.. y me dirás ¿y toda esa locura porque?, pues porque las otras dos grandes multinacionales del sector ¡¡europeas también!! querían llevarse el pedido como fuese y estaban dispuestas a aceptar cualquier cosa…O sea una verdadera guerra técnico-comercial fraticida ¡
    Este triste panorama de la ” irreal e inconsistente” Comunidad Europea lo supieron aprovechar muy bien los Chinos, que durante ocho años estuvieron enviándonos sin cesar a altos comisionados y técnicos ferroviarios chinos, que eran invitados a nuestras fábricas para que les explicásemos los detalles técnicos que hacían mejor nuestra opción.. y en que aventajábamos a la competencia… claro que al tiempo también visitaban las fábricas de nuestros dos competidores europeos, así iban enseñándonos la zanahoria a todos ..y todos picando como tontos…
    Pues bien, al final con todos esos Masters gratuitos que les regalamos ” los torpes europeos” , los “muy listos chinos” terminaron haciéndose un diseño propio de Alta Velocidad que ya corre por las vías Chinas…(eso si en muy poco tiempo han batido todos los récords de accidentes pero esa es otra historia).
    Bueno pues cosas así siguen pasando y PARECEN NO IMPORTARLE A NADIE.. R,I.P. EUROPA

  2. Muchos temas tratas en este post, y de mucho calado. Me centraré en uno de mis temas favoritos:decir NO. No todos los clientes son para nosotros y nosotros no somos para todos los clientes. ¡Qué importante es saber decir NO en el momento adecuado! Cuanto antes lo asumamos ambas partes (cliente y proveedor), mejor.

    Con quien trabajamos afecta a quiénes seremos, es importante saber seleccionar bien. Y es sanísimo para mente y cuerpo, ir soltando lastre…

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