Mea culpa

Me envía Miguel García Tormo, con quien tengo una excelente relación tuitera,  los siguientes comentarios a mi anterior entrada en el blog:

Lo primero, decir que agradezco mucho este tipo de comentarios, por dos razones fundamentales.

Primero, porque la premisa de partida de este blog era hacer una reflexión en voz alta en una búsqueda de los diferentes aspectos de la realidad, esos matices a los que hace referencia el título del blog. Los comentarios que aportan matices se agradecen mucho, y si lo que plantean son objeciones a la argumentación propuesta, se agradecen doblemente, especialmente cuando se hace desde el respeto e incluso el cariño como es el caso de Miguel.

Segundo, porque me abre los ojos a una interpretación de mis palabras que dista mucho del espíritu de lo que pretendía expresar.

Me doy cuenta ahora, gracias a estos comentarios de Miguel, de que se puede leer mi entrada como un posicionamiento de superioridad moral frente a quienes no tienen mi mismo punto de vista sobre cuestiones como la deslocalización o el enfoque de los negocios y la educación. Y francamente no era el caso. Pero en efecto yo era ciego a esa lectura que ahora mismo le encuentro claramente al texto, y debo disculparme.

Sobre la cuestión de la deslocalización ya escribí (a partir, por cierto, también de un comentario a una entrada anterior) en mi post “Mis conflictos con el Made in China“, y también en “Deslocalización y empleos“. No pretendo defender el proteccionismo, pero sí me quejo de que no competimos en igualdad de condiciones -a la fabricación en Europa se le exigen unos criterios laborales y medioambientales muy diferentes de lo que aplica en terceros países-, y me lamento de lo mismo que tan magistralmente explicó @DerBlaueMond en “El capitalismo contiene la semilla de su propia autodestrucción“: que por un lado nos lamentamos mucho de nuestros menguantes salarios, decadente estado del bienestar, deprimida economía, pero a la vez cada cual actúa como un consumidor egoísta que compra lo más barato venga de donde venga, ignorando si ese “low cost” es por estar producido en condiciones de semiesclavitud, precariedad total de condiciones de seguridad e higiene, ignorancia total del factor medioambiental, controles dudosos de calidad, etc.

Pero, insisto, no pretendía decir que yo soy una buena persona por pensar como pienso y los demás son peor gente. La verdad es que escribía mi texto anterior particularmente preocupado por la cuestión de las crecientes brechas salariales en grandes empresas entre su alta dirección y sus niveles intermedios e inferiores, con ejemplos tan evidentes y cuestionables como el de PRISA, cuya directiva se triplicaba el sueldo al mismo tiempo que despedía a cientos y miles de trabajadores. Fruto de unos sistemas de remuneración que sólo consideran parámetros financieros y ninguno humano o de responsabilidad social. Creo que estas desigualdades crecientes son una verdadera amenaza para la estabilidad social, económica y política. Aprovecho por cierto a recomendar lo que Pablo Rodríguez Suanzes comentaba ayer en su blog sobre “Democracia e igualdad“.

Mi reflexión pretendía ir por el camino de reclamar ese papel prosocial de la formación a todos los niveles incluyendo el de la dirección de empresas, que creo que puede estar relacionado con primar menos los esquemas de recompensas externas y fomentar más el impulso interno de un imperativo moral formado desde la infancia. E indicar que en mi opinión una sociedad menos obsesionada por la acumulación de riquezas y el ascenso en la escala socioeconómica, y con más valores de colaboración y solidaridad, sería más feliz y sostenible.

Pero efectivamente no se trata desde luego de imponer ni de adoctrinar. Sin libertad, nada de lo demás tiene sentido.

De modo que sirva el presente texto para entonar el mea culpa por el tono del post anterior y aprovecho para agradecer en abierto la contribución de Miguel. E invitar a todos los lectores a ejercer ese mismo pensamiento crítico del que hoy precisamente habla otro buen amigo de este blog, Alfonso Romay.

One comment

  1. Gracias por la mención, Daniel.🙂

    De hecho, demuestra un excelente sentido crítico aceptar que tu planteamiento puede no haberse entendido y tratar de explicarlo. Y un kudos enorme para Miguel que ha tenido la valentía de decir lo que piensa, poniendo por delante de vuestra amistad (o precisamente por ella) aquello en lo que no está de acuerdo, con argumentos bien razonados.
    Un gran ejemplo de pensamiento crítico por ambas partes…

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