Juguemos

Tuve ayer un momento de lucidez en el que caí en la cuenta de que después de una mala racha en la que se me habían acumulado varias molestias físicas (ay, amigo, achaques de la edad), parece -toco madera- que llevo unos días en los que no me duele nada. Pero de la misma forma que cada mañana que me despertaba con el dolor me entristecía, esa ausencia de dolor no iba acompañada de una merecida alegría. En verdad habría que dar gracias por cada día que amanece uno con todo en orden.

Estaba anoche charlando un rato con mi hija mayor antes de irse a dormir (ella, a diferencia de las pequeñas, más que un cuento, prefiere que escuche su recuento de anécdotas del día en el colegio), y me alegraba mucho de la suerte que hemos tenido con su profesor principal. Es muy exigente pero a la vez veo que está motivando a los alumnos gastándoles bromas, haciendo “competiciones” con ellos en las que él pierde y son los chicos los que ganan, y en general consiguiendo ese difícil equilibrio de elevar el listón pero haciéndolo por las buenas, no a base de gritos ni amenazas. Mi hija está enormemente motivada. Nunca la había visto antes tan contenta por ir al colegio, y es mérito de este profesor. Es una gran suerte, sobre todo en el caso de mi niña, que es una persona muy sensible y le cuesta gestionar un ambiente negativo y basado en el miedo, que desgraciadamente es algo que más de un profesor instaura ante sus limitaciones para gestionar a los alumnos y sus padres.

Recuerdo que en la reunión inicial con los padres, en la que me quedé con una excelente impresión de este profesor aunque me quejaba de la actitud de varios padres -sólo preocupados por exámenes y calificaciones-, surgió un tema que me pareció clave: comentó que después de la primera semana de clase estaba observando que algunos niños estaban agotados en clase, y que sospechaba que por un lado no estaban durmiendo lo suficiente, y por otro lado que quizá algunos progenitores estábamos apretando demasiado a los niños en cuanto a actividades extraescolares de todo tipo fuera de horario del colegio, e incluso comentó que algún niño estaba apuntado al programa Kumon, que sumado al nivel ya elevado de deberes que impone el colegio, sería demasiada presión para el niño.

En concreto, dijo algo con lo que no puedo estar más de acuerdo: “los niños necesitan jugar y divertirse”.

Casualmente ayer mi amigo Folks me pasó un vídeo que ilustra esto perfectamente, y que os pido que veáis (perdón por no poder poner una vista previa en el propio post por cuestiones técnicas) antes de seguir leyendo: ¿Bailamos?

Me lo envió como complemento a mi anterior entrada en el blog y en particular a cuando Adrian Tan decía eso de “no trabajes; juega“. El vídeo tiene un mensaje muy valioso desde un punto de vista de los adultos, y es que es un error renunciar a jugar y disfrutar por conseguir un trabajo que nos proporcione unas remuneraciones económicas que tampoco es que nos liberen de preocupaciones ni nos ayuden a disfrutar de la vida. Pero además nos recuerda que no sólo nos castigamos a nosotros mismos negándonos a seguir siendo niños cuando crecemos, sino que encima le estamos cortando las alas a los pequeños cuando todavía es demasiado pronto, haciéndoles afrontar una vorágine de tareas, responsabilidades, presiones y renuncias que son muy injustas.

Esto me recuerda un artículo que en su día me entusiasmó: El día en que dejé de decir “date prisa”. Os pediría que os lo leyerais íntegro, porque extraer cualquier párrafo aislado es cometer una injusticia al conjunto del texto, pero sólo decir que me encogió el corazón cuando leí estas dos frases, en las que me vi reflejado en demasiadas ocasiones:

Yo era una matona que empujaba y presionaba y acosaba a una niña pequeña que sólo quería disfrutar de la vida.

Se me abrieron los ojos, vi con claridad el daño que mi existencia apresurada infligía a mis dos hijas.

Supongo que todos los padres aspiramos a conseguir que nuestros hijos sean felices en el mañana, y luchamos por darles la mejor preparación para ello. Ahora bien, igual que es una irresponsabilidad darles todo lo que nos piden para hacerles felices hoy, porque estaremos sembrando la semilla de la infelicidad futura, también nos equivocamos si les pedimos que sacrifiquen a todo aquello que les gusta, que renuncien a ser niños y a disfrutar de todas esas pequeñas cosas que los adultos ya hemos olvidado. En realidad, los niños saben mucho mejor que nosotros cómo es eso de ser felices. Les pedimos que desaprendan su manera de disfrutar del instante para sustituirlo por esa obsesión por el futuro que tenemos los mayores. Ese futuro que nunca es hoy.

Y no. Es bueno que los niños jueguen. Quizá somos nosotros, los adultos, los que tenemos que desaprender ciertas mecánicas y volver a ser niños.

9 comentarios

  1. evammg · · Responder

    Ser niño es volver a nacer.

  2. Como habitualmente tus consideraciones rebosan de eso tan escaso que es el sentido común. Enhorabuena. Ojalá seamos capaces de aplicarlo.

    1. Muchas gracias🙂

  3. Alborozo · · Responder

    ¿En qué momento perderemos esa capacidad de “aprender jugando”, de disfrutar de todo lo que hacemos, y de dejar a un lado aquello que no es lo que mejor nos hace crecer atendiendo a nuestras cualidades?
    ¿En qué momento cedemos, y nos empeñamos en ser una réplica de los demás, o de lo que los demás dicen que deberíamos ser…?
    ¿Como se alcanza ese equlibrio al que te refieres en el penúltimo párrafo? Ese intermedio entre el “darles todo” y la “disciplina férrea”.
    Seguro que es mucho más fácil de lo que parece…
    Alborozo

    1. Pues yo llevo todos estos años persiguiendo ese equilibrio y no termino de conseguirlo del todo. No creo que sea tan fácil. Pero por lo menos habrá que seguir intentándolo. Mejor que dejarse llevar por uno de los dos extremos🙂

  4. Alborozo · · Responder

    ¿Será que somos padres del tipo del que sale en el video “bailemos”, y nos puede más lo que “debería ser” frente a “lo que es por naturaleza”?
    ¿Será por eso que no nos resulta tan fácil? ¿Porque nos da miedo que se estrellen contra algo desconocido para nosotros y fuera de nuestro control…?

  5. […] que, cerrando la trilogía de las entradas anteriores sobre el discurso de Adrian Tan y el vídeo ¿Bailamos?, donde hablábamos de cambiar de enfoque vital y aprender a aprovechar la vida al máximo, y de […]

  6. Jose Luis Gomez Azpicueta · · Responder

    Ojalá nunca perdamos el niño que todos llevamos dentro..y le dejemos bailar y jugar de vez en cuando…”En verdad os digo que si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino..” Anything else?

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