Un viaje es más importante que un destino

Hace unos días, mi hija mayor tuvo que hacer una tarea escolar sobre su libro favorito, y eligió el Charlotte’s Web de E.B. White. Lo comentamos con nuestra querida tía Gwen, quien se alegró al saberlo y nos contó una entrañable anécdota infantil propia. Cuando estaba en el colegio, hicieron una actividad consistente en enviar una carta a su autor literario favorito, y ella escribió a E.B. White con motivo de su Stuart Little. Gwen tuvo la suerte de recibir una contestación, y la verdad es que es una maravilla:

Carta EB White

A lo que se refiere el autor en la carta es a la típica controversia que genera el libro, referente a su ausencia de final. En el libro, Stuart Little está buscando a su amigo el pajarito Margalo, y en el último capítulo del libro le sugieren que se dirija al norte, comentan las ventajas de ir en dirección norte, y el libro termina con Stuart encaminándose en dicha dirección. Se suele criticar este final inacabado, y muchos esperaban una secuela, pero como razona en este blog una lectora, en realidad es un final perfecto.

Lo que dice E.B. White en esta breve carta a una niña lectora es toda una lección de sabiduría para vivir la vida plenamente:

  • el viaje es más importante que el destino
  • la vida no es tan concluyente como querríamos
  • la clave está en caminar en la dirección adecuada

Como explica muy bien ese blog que he enlazado antes, estamos demasiado acostumbrados desde niños a que las historias tengan un desenlace (y generalmente feliz), y que no queden cabos sueltos (nota para comiqueros al final). Y luego resulta que la vida no es así. Vamos dejando cabos sueltos continuamente, y la meta que nos trazamos hoy posiblemente deje de resultarnos de interés dentro de unos años. Nos marcaremos otros objetivos. Nunca nos daremos por plenamente satisfechos. Pero estamos tan obsesionados a veces en conseguir llegar a esos destinos, que no siempre sabemos disfrutar del viaje todo lo que deberíamos. Es como si pensáramos que en un momento dado vamos a llegar a un final de etapa como en una maratón, con una cinta que cortar, a la vuelta de un repecho, y luego resulta que la meta nunca está donde habíamos pensado sino más allá. De esa manera, vamos convenciéndonos de que ya disfrutaremos cuando lleguemos al final del camino, pero como siempre hay nuevos objetivos que marcarnos, no llegamos nunca a estar satisfechos con lo logrado.

Y lo malo, desde el punto de vista de los padres, es que con los niños a veces hacemos esto: nos concentramos en educarles para ser adultos exitosos y de provecho, pero sacrificamos el disfrute del día a día; tanto el propio (gozar de nuestros hijos) como el de los niños (que no todo sea colegio, tareas, exámenes, actividades, etc.).

Así que, cerrando la trilogía de las entradas anteriores sobre el discurso de Adrian Tan y el vídeo ¿Bailamos?, donde hablábamos de cambiar de enfoque vital y aprender a aprovechar la vida al máximo, y de recuperar nuestro yo infantil y no obligar a los niños a volverse adultos en el aspecto triste de olvidarnos de jugar, sirva este pedazo de sabiduría que regaló E.B. White a nuestra tía Gwen para recordarnos que lo importante es el camino, no tanto la meta, y que hay que disfrutar de cada día como si fuera el último, aunque no por ello deja de ser importante tener el norte bien marcado.

Nota: Siempre que se critica lo de los cabos sueltos, me acuerdo de Chris Claremont y su etapa mítica en X-Men (La Patrulla-X para los de mi generación). Se le echaba mucho en cara al gran guionista que iba dejando montones de cabos sueltos por todas partes y para cuando se le ocurría alguna nueva línea argumental, se le había olvidado cerrar tres o cuatro asuntos abiertos. Pero luego terminabas dándote cuenta de que esa era parte de la magia de sus historias. Que siempre tenías la duda de si en algún momento iba a enlazar con algún hilo suelto. 

Años después, cuando vi la serie Lost (Perdidos), me encontré disfrutando con una dinámica muy parecida. Se criticará muchísimo a esa serie por sus cabos sueltos y sus incongruencias y contradicciones argumentales, pero a mí me daba igual. Me parecía un disfrute tan fascinante como el de la Patrulla-X de Claremont y francamente, siempre perdoné a J.J. Abrams sus licencias argumentales. Y que vivan los cabos sueltos. Siempre te permiten inventarte tus propios finales a las historias inacabadas.

13 comentarios

  1. Alborozo · · Responder

    ¡Qué bárbaro! ¡Lo que le cundieron 4 líneas a E.B. White!

  2. Hay una cosa que comento yo muy a menudo, en referencia a los biopic (películas basadas en la vida de alguien) y es que resulta muy difícil dar una dimensión narrativa a la vida de alguien. Porque, sencillamente, nuestra vida no resulta una narración. No tiene un planteamiento, nudo y desenlace. Por eso cuesta tanto estructurarlo tanto,y suelen dejarse tantas cosas interesantes en el tintero…

    Aunque funcione en la narrativa (tampoco lo vamos a negar), hay gente que no termina de entender que las historias son, eso, historias, y que la vida real es otra cosa. A veces le pedimos un hilo narrativo a nuestra vida, y va a ser que no😛 Creo que algo muy importante que debería dejarse claro (y creo que pocas veces se hace de manera “contundente”) es hacer entender que, igual que tenemos claro que nuestro mundo no funciona exactamente como el de James Bond o Rambo, pasa lo mismo con los dramas o las comedias, por muy “realistas” que se presenten…

  3. Qué tiempos en que el autor de un libro de cierto éxito te mandara una respuesta y la enmarcaras para la posteridad… muy grande la tía Gwen, y además con ese nombre tan comiquero que enlaza así perfectamente con el final del post.

    En esto último, yo prefiero esos finales inciertos que los deus ex machina o las incoherencias/paradojas que a menudo arruinan una gran historia. Habría preferido por ejemplo que Lost se dejara abierto y no con ese final tan enrevesado. Igualmente con la nueva versión de Galactica, que intentaba cuadrar toda la mística que habían ido sembrando… si no hace falta, hombre, con un final abierto a corto plazo la gente se queja pero a medio y largo convierte a las obras en “de culto”.

    En el mundo de los cómics a mí me gusta mucho el final de Watchmen, que es categórico. Yo les diría a los autores que si no tienen un final espectacular y redondo, que lo dejen abierto. Como bien dice Jaime, la vida no suele tener una narrativa tan clara… pues dejemos que las historias imiten más a la vida.

    1. Hombre, yo diría que el final de Watchmen tiene mucho sentido, “cuaja” con todo lo anterior. Creo que eso no es malo en ficción, que el final tenga un sentido congruente con el resto de la obra. Eso no quiere decir que tenga que cuadrar absolutamente todos los detalles, y que dejar cosas sin explicarlas al detalle no están mal. Por ejemplo, “La Historia Interminable” (el libro) precisamente usaba ese sugerir para dar mucho interés a un mundo (“esta es otra historia y será contada en otra ocasión”), o mismamente Star Wars (la trilogía original), donde dejaba muchas pinceladas para dar interés a un universo (Guerras Clon, disolución del Senado, Alderaan). Unos se presentan más adelante (el Emperador, Jabba), pero muchos son cabos sueltos, obvios para los personajes pero no para los espectadores. Uno de los problemas de las precuelas es el pretender rellenar demasiados de esos huecos en lugar de enriquecer el universo.

      Pero sí creo que (en general, de excepciones geniales está lleno el mundo del arte) en una narrativa, lo ideal es que el final sea una consecución lógica de lo que le precede, que “remate y cuaje” los temas que se presentan. Y esto puede ser con algo abierto a interpretación, por supuesto…

      1. A mí de Watchmen me gustó mucho más el final de la peli, por cierto.

      2. ¡Pensar que no he visto la peli de Watchmen! A mí me gusta que el cómic remata con un final muy concreto y espectacular. También me gusta el final de V de Vendetta, más abierto. Lo que no me gusta son los arreglos ad hoc y, dentro de estos y en la ficción, reservaría el noveno círculo del infierno para los viajes en el tiempo. Sí se puede ser más vago como guionista, yo no lo he visto.

        Otro día haz un post, Daniel, sobre la bajeza moral de rodar una película basada en un libro y que no tenga nada que ver con él. Sí, estoy pensando en Guerra Mundial Z🙂

      3. Pues yo estoy TOTAL y RADICALMENTE en contra vuestra, hala.😛 El cómic (final y no final) es mucho mejor. Oye, que la película no está mal y es razonable cómo lo cambian.
        Pero hay cosas que no, ¿eh? X-D

        Respecto a viajes en el tiempo, hay veces que se usan muy bien. Como “El fin de la Eternidad” de Asimov o “All you zombies” de Heinlein. O, si nos ponemos más peliculeros, Cronocrímenes o la primera de Regreso al Futuro… Pero estoy de acuerdo que, mal hecho, puede ser un desastre…

      4. Pues yo recuerdo cabrearme a lo grande cuando llegué al final del cómic en su día. Me parece que Alan Moore estaba a tope de LSD o la droga que tocara en la época porque es una ida de olla importante. En la peli por lo menos le dan una consistencia lógica, en mi humilde opinión.
        Pero oye, encantado de que surjan debates así.
        Y me ha encantado ese recordatorio de “El Fin de la Eternidad”. Me están entrando unas ganas locas de ponerme a releer esos clásicos de Asimov, después de 20 años desde que los leí por primera vez.
        ¡Un abrazo!

      5. El que iba a tope de LSD o de peyote era el propio Ozymandias, el día que tuvo su visión. A mí sí me gusta la idea de Moore, es un poco ida pero al menos es concreto y claro. A mí es que me va el Pulp.

        Los libros que cita Jaime son magníficos, aunque para mi gusto, de viajes en el tiempo y Heinlein, “Puerta al verano” tiene un tratamiento muy bueno. Pero yo no tengo nada contra los libros de viajes en el tiempo, que conste. Me fastidia hasta el punto de la ebullición iracunda el uso deus ex machina para atar cabos – esto se hace sobre todo en series de SF, la verdad, y en algunas pelis. Me parece un timo.

  4. Totalmente de acuerdo con Daniel el final de la peli es mejor que el cómic en mi opinión.

  5. El fin de la Eternidad es un libro grandioso… Y sorprendente que sea del propio Asimov, porque la teoría de la evolución histórica que permite la tarea de La Eternidad va radicalmente en contra de la psicohistoria.

    1. No sé (quiero decir, que lo desconozco) si Asimov se tomó realmente en serio la cuestión de la psicohistoria o fue simplemente un recurso literario básico de su obra de ciencia ficción, pero enfocándolo desde el punto de vista de la segunda parte del concepto, la ficción.

  6. En cualquier caso Asimov utilizó las dos visiones, que los hechos históricos son poco menos que inevitables, o que su devenir depende de ínfimos cambios (“Efecto Mariposa” en toda regla) para escribir relatos muy originales.

    Por cierto, para mí la favorita es El fin de la Eternidad. Su alegato contra los peligros de la falsa seguridad es grandioso. La historia de “amor”, es como casi todas las de Asimov, poco interesante

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