Reflexiones sobre (mujeres y) liderazgo

Twitter es un medio excelente para distribuir noticias y perlas de opinión con total inmediatez, pero se presta muy mal al debate debido a la limitación de 140 caracteres en un tuit, que obliga a condensar demasiado los conceptos y robarles matices, más aún cuando se entra en la dinámica de una multimención por la intervención de varios usuarios, restando sus nombres de usuario caracteres útiles a los mensajes.

Sin embargo, ocasionalmente uno se encuentra con debates ricos por esta red social, como el que se ha montado a raíz de la entrevista a Anne-Marie Slaughter publicada en el Washington Post y enlazada por Pablo Rodríguez Suanzes. El debate en realidad surgió como respuesta a un extracto destacado por @Suanzes y que despertó reacciones muy inteligentes de @huyelobo, @BeatrizHoya, @orapmagon y @bcarrebravo, entre otros. Vale la pena abrir el tuit inicial y seguir la cadena de respuestas que se ramifica a partir de ahí, o bien repasar la cadena completa que he recopilado en mi Storify.

Del debate en cuestión hay poco que pueda aportar, y me parece destacable la aportación de Beatriz Hoya, si bien tiene interés la “vuelta de rosca” final que hace Belén Carreño. Es en cualquier caso un debate muy destacable.

Aparte de ese asunto clave de los estereotipos de liderazgo masculino y femenino, donde considero que Anne-Marie Slaughter da en el clavo al decir que el objetivo es quitar el adjetivo “femenino” al término liderazgo, pues el día en que no haya que destacar que una mujer asume un papel de liderazgo será el día que se haya conseguido la total igualdad de oportunidades, quiero reflexionar sobre otro par de puntos que me parecen muy reseñables de la entrevista.

El primero es cuando dice lo siguiente:

It brought home to me that leadership styles are very personal. You can read leadership books and you can look at other people, but if it doesn’t reflect your personality, your way of interacting with people, your strengths — and probably then your weaknesses — it’s not going to work. You can trim, you can improve, but there is a core style that has to fit with the core of who you are.

En resumen: si quieres ser un buen líder, de poco te va a servir leer libros y biografías sobre grandes líderes si éstos tenían un conjunto de fortalezas y debilidades muy diferentes de los tuyos. Te podrá ayudar a mejorar, pero la clave va a estar en potenciar tus fortalezas y compensar tus debilidades.

Por ese motivo me molesta que exista tanta tendencia a mitificar personajes como un Steve Jobs. Yo personalmente leo sobre él y me llega a admirar muchos aspectos de su forma de trabajar -me fascina por ejemplo su atención al más mínimo detalle-, pero tengo claro que nunca me lo marcaría como modelo porque mi forma de ser es totalmente diferente. De hecho, en realidad Jobs me parece que era un cretino insensible y de nula empatía hacia sus colaboradores, a los que trataba casi como esclavos. Yo, sencillamente, ni soy ni querría ser así.

En realidad veo mucho más importante trabajar en la confianza en uno mismo, como Anne-María Slaughter resalta más adelante en la entrevista. Me hizo gracia leer a Jaime Buelta bromear en una respuesta a Roger Senserrich sobre el nivel de mus en las cafeterías de las universidades españolas, porque curiosamente yo diría que de jugar al mus en esa época de mi vida aprendí algo sobre mí mismo que me ha resultado muy útil: que no soy bueno para tirarme faroles, pero sí soy mejor viéndolos, y que sobre todo mi punto fuerte es aguantar poco a poco, dejando pasar, hasta que llegan las cartas bien dadas y entonces jugarlas con decisión y hasta el final. Mi fortaleza está en sumar poco a poco, con constancia, y aprovechar el golpe de suerte cuando venga.

Creo que es fundamental que cada uno descubra su punto fuerte, esté orgulloso de él, lo entrene y potencie, y no se deje deslumbrar por los mitos de moda. Porque a menudo esos mitos son efímeros.

Esto por un lado. Por otra parte, también me parece muy interesante este fragmento de la entrevista a Anne-Marie Slaughter:

At the same time, from my vantage point, I’m also seeing more women and men be willing to be assertive around the ways in which they need to be caregivers as well as breadwinners. I see more willingness to say, “No, I can’t do that because I have to be home with my kids.” Or, as one of my employees emailed me, “No, I can’t go on this trip with you, because my wife did all the childcare last week, and this week she needs to work on a big case. It’s my turn.”
I think that’s just a very healthy development, that we bring all of ourselves to the workplace. Not that we be unprofessional, but that we make clear we live life in the round — and that includes taking care of the people we love, be they parents, children or other family members.

Es muy positivo destacar en este tipo de reivindicaciones por la igualdad de género las bondades de la conciliación laboral y el enorme valor que tiene el trabajo realizado fuera del trabajo y en el seno de la familia. No debe defenderse la igualdad de la mujer con el hombre en el trabajo a costa de despreciar la labor de la mujer en el hogar o el valor de quien opta por dedicar su vida al cuidado de los suyos.

Recientemente tuve una anécdota en este sentido. Andaba yo de viaje por Israel, en una reunión técnica con mis agentes comerciales en la zona y representantes tanto de la dirección de proyecto del cliente como de la dirección de ingeniería y la dirección de construcción  civil y mecánica de la obra. La reunión se estaba alargando porque les estaba proponiendo diversas ideas esquemáticas de mejora de las especificaciones para ganar eficiencia: ahorrar muy significativamente en costes y en tiempos de montaje. En realidad ya habíamos tratado los puntos importantes y quedaba aún pendiente la negociación comercial pues yo no quería avanzar más hasta no tener un contrato firmado (por eso de que no se apropien de mis ideas para luego ejecutarlas con un tercero, algo muy típico).

Era ya hora de terminar y me preguntaron sobre mi fecha de vuelta a España, y les dije que como ya habíamos acordado previamente ese era mi único día en el país y al día siguiente volvía a casa. Me pidieron a continuación que retrasara mi viaje un día más para continuar la reunión y cerrar pendientes. A lo que respondí que agradecía mucho el interés y la oportunidad que me daban, pero que había prometido a mi mujer que volvería al día siguiente para a continuación encadenar con unas breves vacaciones familiares de 4 días (lo cual era cierto; como ya os he dicho, yo, faroles, los justos). Y que la familia era mi primera prioridad y que les pedía mil disculpas por no poder atender a su petición. Que retornaría a Tel Aviv sin falta la semana siguiente si fuera necesario para cerrar todos los puntos, pero que esos 4 días prometidos a mi mujer eran sagrados.

Durante unos breves segundos se quedó la sala callada. Hasta que el jefe de proyecto se levantó, al otro lado de la mesa, se acercó a mí, y me dio la mano muy cordialmente. “Hats off to you, man“. Quedamos en resolver las cuestiones a través de mi agente y por medio del correo electrónico, y organizar un viaje de vuelta para continuar con la cuestión técnica una vez que llegásemos a un acuerdo.

Al día siguiente volví a España y pude cumplir mi promesa. De lo que me siento orgulloso, y creo que incluso fue positivo de cara a mis relaciones con el cliente porque a raíz de esta anécdota el respeto mutuo adquirió un matiz adicional, más humano, no sólo profesional.

Por cierto… En toda esta historia omití comentar que en aquella reunión no había ni una sola mujer de entre 10 hombres. Todavía hay mucho camino que recorrer en este sentido. Pero soy optimista y creo que los avances son imparables. Auguro un futuro favorable para mis hijas.

7 comentarios

  1. Voy a hacer un comentario al respecto del liderazgo “femenino” (así en entrecomillado😛 ) aunque sea algo tangencial a lo que comentas…

    He tenido dos jefas en mi vida profesional. Una en el último trabajo que tuve en España. Otra hasta hace unos meses, en el trabajo que estoy (me han cambiado recientemente de equipo). A ambas las admiro enormemente (MUCHÍSIMO) y ambas son excelentes profesionales y, sin duda, líderes no sólo por el puesto que tienen sino por derecho propio. Ambas eran fantásticas programadoras que se pasaron a la gestión (eso se nota en mi gremio a poco que hablas 5 minutos). Pero en cuanto a la forma de ser y actuar son totalmente diferentes.

    La primera tenía muchísimo carácter. Hasta el punto de ser bestialmente agresiva defendiendo a su equipo, a voces si hacía falta. No he visto a nadie más directo y asertivo en mi vida. Pero por otro lado tenía un toque protector y cariñoso, muy cercano, un poco “de madre”, que no era difícil de que aflorase. A veces te encontrabas con que te llamaba “cariño” y te pasaba la mano por el hombro pocos minutos después de que la hubieses escuchado montarle la bronca a alguien (probablemente a su jefe) por teléfono desde fuera del despacho.

    La segunda, más joven, es mucho más calmada, paciente y suave. No levanta apenas la voz, es muy conciliadora y no impone, sino que sugiere y acuerda. Pero por otro lado es muy introvertida, no parece en absoluto preocupada por socializar (no es que sea antipática o tímida, simplemente está a sus cosas) y cuesta enterarse de qué tal le va, precisamente por esa barrera. Y eso que es una persona interesantísima a nivel personal…

    Ya digo, ambas son gente que admiro muchísimo, técnicamente extremadamente competentes y que llevan equipos de tamaño mediano (con casi todo hombres, me dedico al desarrollo software) con mucho éxito y con el respeto y admiración de sus respectivas empresas.

    ¿Con esto que quiero decir? Bueno, que al final la gente somos lo que somos. Tenemos la personalidad que tenemos y a la hora de liderar, cada uno lo hace de la mejor manera que puede. Si bien es cierto que todavía tenemos en la cabeza esa diferencia de “los hombre son asá, las mujeres así”, creo que es mas una idea preconcebida que otra cosa. Para empezar, porque hay hombres “muy femeninos”, mujeres “muy masculinas” y todo el abanico intermedio. Igualmente, hay equipos o entornos que funcionan a base de agresividad, y otros a base de conciliación.
    Creo que la base del liderazgo es más encontrar lo que funciona dentro de lo que puedas ofrecer (es difícil actuar de forma contraria a lo que eres todos los días) y esa cosa tan difícil que es inspirar (tanto confianza como simplemente inspirar😛 )

  2. Nacho · · Responder

    ¡Que alegría verte de nuevo escribiendo en el blog!. Eso es que el pequeñajo deja algo más de tiempo libre…

    1. Vamos a decir que sí pero muy, muy bajito, no vaya a ser que se despierte😉

  3. Por mi parte, sólo añadir otro “Hats off to you, man”. Por el post, y por tus actitudes personales.

  4. También alegre de reencontrarte aquí. ( lo digo bajito , por si acaso).
    Y vosotros, expertos en redes sociales, que añadid a las opiniones que se están vertiendo sobre los limites a lo que puede expresarse en Twitter?
    Aunque de acuerdo en limitar los abusos y las opiniones contrarias, ya no a las leyes, sino a la buena educación, a veces expresiones que coloquialmente no tendrían relevancia, puestas en Twitter o FB, que presumen de coloquiales, pueden condenarte. A mi , que jamas pondría por escrito cosas así, no deja de sorprenderme.
    Perdon por meter un tema que nada tiene que ver con la reflexión inicial, en la que comulgo completamente con vosotros.
    Se me ha ido la pluma!!!

    1. Pues supongo que tenemos una opinión bastante coincidente. Alguna gente escribe unas barbaridades verdaderamente lamentables, pero suficiente castigo me parece el que esas estupideces queden registradas para la posteridad. Andar persiguiendo legalmente lo que se escribe en una red social, que no deja de ser muy diferente de lo que se comenta a la barra de un bar, me parece excesivo. ¿Cuál es el límite de la censura?

  5. Patricia · · Responder

    Hola Daniel. Estás bien? Soy Patricia de México. Te he buscado por todas partes para saber de ti, desapareciste y realmente quisiera saber si estás bien. Escríbeme…

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